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«Las chicas del 3ro»: de pasillos y otras verdades

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Maximiliano Pelosi escribió, dirigió y protagonizó allá por el 2013, la película documental “Una famila gay”. Hoy vuelve con la oportunidad de trabajar en ficción y con dos actrices muy reconocidas en nuestro país y es así que en una historia basada casi en la totalidad en dos miembros de su familia nos trae “Las chicas del tercero… un consorcio feliz”.

Son Betiana Blum y Lucrecia Capello las encargadas de interpretar a estas “chicas”, dos hermanas que viven juntas, llevan a cargo el consorcio, y se pasean de departamento en departamento viendo que todo esté bien, y ya que está intentando descubrir en qué anda cada uno. Típicas chusmas, que se le dice.

Mientras tanto, esperan a que la hija de una de ellas llegue en unos días ya que planean irse a pasar seguramente lo que les quede de una vida ya casi vivida en su totalidad, o así lo sienten, especialmente la mayor, a Canadá. Sus amigas ya se fueron, el marido de una de ellas también, y hoy son ellas dos las que quedaron, solas.

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Toda la película  sucede prácticamente en ese edificio, ya sea en los pasillos o en alguno de los departamentos. Secundarios como Ingrid Grudke y Juanita Repetto intentan agregar un poco de color pero el otro protagonista es Manuel Vicente, el portero y objeto de amor de una de las dos hermanas (Blum) y por quien pasará el foco del que sería el principal conflicto de la película: el robo de un collar valiosísimo.

Es con esta excusa que las protagonistas y entonces el espectador se van introduciendo en las vidas de los diferentes inquilinos. Con una estética televisiva y un humor que atrasa unas décadas, Las chicas del tercero es lo más parecido a un sketch del programa de Susana Gimenez… pero bastante más largo.

Los conflictos se desarrollan y resuelven con una rapidez y liviandad que en minutos pasan a ser olvidados. Centrada especialmente en el mundo que son cada uno de estos hogares, que a veces son lugares que sólo conocen quienes viven allí dentro, es que el director se pasea junto a sus dos protagonistas.

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Blum y Capello demuestran una vez más que son dos actrices muy talentosas y se ponen a cuestas esta película con mucha entereza. Los secundarios son desparejos, tanto en cuestiones de actuación como de personajes, algunos mejor desarrollados que otros, otros prácticamente caricaturas de clichés y estereotipos y alguno prácticamente prescindible.

Entretanto, ellas se pelean, se contienen, se mienten, se dicen lo que piensan, es decir, interactúan como las dos hermanas que interpretan, cada una con sus personalidades y sobre todo, con su vida vivida. Porque mientras una se casó y tuvo una hija, la otra nunca pudo formar una familia, y cuando ve al hombre del cual cree estar enamorada ve también una última oportunidad, pero que en este caso significaría abandonar a su hermana.

Así, es que «Las chicas del tercero» se va sucediendo entre escenas graciosas como una comedia costumbrista en la que nada es lo que parece, pero tampoco sorprende demasiado. Es de esas películas de las que no se espera mucho, y eso termina siendo un punto a su favor.

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