«Le Concert»: orquesta afinada ofreciendo espectáculo de alto nivel

En general, cada tanto la cartelera nos regala un film singular. Algo único, quizás no tan original, pero maravillosamente ejecutado y que conmueve. No pasa siempre (este año no recuerdo ninguno, todavía, de ese calibre), pero ha llegado a nuestro país «Le concert», una película elegante, divertida y que nos roba el corazón desde el primer fotograma. Film nominado al Globo de Oro en 2010, arriba con bastante retraso aquí pero es de celebrar que los distribuidores hayan puesto en pantalla una cinta de tanta calidad, sabiendo que su impacto en la taquilla será más que discreto, seguramente.

A los argentinos, en general, no nos atrae el cine europeo. Estamos muy influenciados por el pensamiento único, el discurso dominante pro-Hollywood y fuimos educados, desde los tanques de Disney en nuestra niñez hasta las aventuras de Di Caprio, los thrillers de De Niro y Pacino y el cine de acción de Stallone, Schwarzenegger y compañía en la adultez. Eso, sumado a que cuando vamos al cine a ver cine argentino, las películas de relieve terminan siendo dramones de aquellos conectados a…los desaparecidos y la década del 70. La  tendencia que siempre nos dio resultado en el exterior. Volviendo a la idea anterior, si esa es nuestra cultura, estamos seteados para ir y dejar de lado el cine europeo. En general, se cree que está reservado a los intelectuales, universitarios y cinéfilos de gusto exótico. Nada que ver. El cine del viejo continente es como el de todas partes, claro, si tiene particularidades regionales (su ritmo de narración lo distingue del americano) pero tiene películas regulares, buenas y malas. Eso si, nuestros distribuidores, eligen cintas ganadoras de festivales internacionales, de directores interesantes pero poco conocidos para el gran público y siempre que se estrena algo de esta geografía hay que prestarle atención. Repito, la filmografía que llega a nuestras salas ha sido seleccionada por gente que sabe y tiene mucho aval y prestigio ganado, por lo que vale echarle una buena mirada cuando se producen esta clase de estrenos.

«Le concert», es un exquisito y simpático film de un director al que hay que prestarle atención: Radu Mihaileanu. Rumano, filma aquí con actores rusos y franceses, una historia muy movilizante para el público politizado. Treinta años atrás, un director de orquesta soviético, Andrei Filipov  (Aleksey Guskov) en el pico máximo de su carrera ve interrupido su concierto más importante (Tchaikovsky) cuando Brezhnev ingresa en medio del mismo a llamarlo «traidor» y «enemigo del pueblo». Filipov había desobedecido la orden de desafectar de su banda a los músicos judíos, razón que le valió ser expulsado de su puesto y degradado desde lo artístico hasta terminar con su carrera como un simple ordenanza. Cuando comienza el film, Andrei oficia de empleado de limpieza en el Bolshoi, en Moscú. El marco de partida, es indudablemente fuerte. Un artista en el pináculo de su carrera, defendiendo sus convicciones, cae bajo la presión política del régimen soviético de ese entonces.

Pero los tiempos han cambiado. Y ya nada es lo que era. Cierto día Filipov, mientras limpia la oficina de su jefe donde trabaja, recibe un fax dirigido a su director, donde se invita a la orquesta a hacer una presentación en París, más precisamente en el teatro de Chatelet. La idea se le viene a la cabeza al instante, rearmar a su viejo grupo de aquel entonces e ir en busca de la reestauración del prestigio de su orquesta, suplantando a la original del Bolshoi. Osado punto de partida, juntar a más de treinta músicos desperdigados por todo Moscú y convencerlos de las bondades de volver a tocar juntos. Ya, instalados en la historia, comienza la diversión: estos sujetos son una postal de la Rusia actual, pobres, usureros, mafiosos… Pero talentosos. Cuando logran plasmar la idea, necesitan un jefe de negociaciones para arreglar lo contractural con los franceses, labor que hará un antiguo enemigo de los músicos y de Filipov que buscará reposicionar el sentimiento comunista en Francia, junto a ellos. El viaje viene madurando.

De ahí en más, y sin anticipar mucho (hay mucho y es muy disfrutable), habrá que seguir el derrotero de la orquesta, desde su patria hasta Francia. Y allí, pasar dos días antes del concierto viendo como los sujetos que vienen del este, (rusos que beben en cantidad, judíos que traen caviar para vender, gitanos que comercializan productos truchos, viejos dirigentes que sueñan con reflotar el pensamiento stalinista como bandera, etc) llegan a París dispuestos a hacer la suya , dejando de lado la actividad primordial por la que están ahí -ensayar y prepararse para tocar-. La película trabaja varias puntas, la situación arte versus política; el choque cultural este-oeste y el problema de la identidad y el origen, corporizado por la deliciosa Melanie Laurent, (Anne Marie Jacquet en la película) violinista famosa que desconoce quienes fueron sus padres y las circunstancias en que ellos murieron y que será la solista invitada del evento. Todas ensamblan bien y logran un maridaje perfecto: la película es absolutamente disfrutable y deja satisfecho hasta al público más exigente: el cierre de la misma es para aplaudir de pie, una secuencia de 20 minutos que arrancará lágrimas a más de uno en su butaca.

Muchos colegas piensan que es un film correcto, pero no de gran vuelo. A mi me parece que Mihaileanu armó un escenario magnífico y montó su propia orquesta donde todos los instrumentos suenan afinados y se complementan de maravilla. En este cuento del director de orquesta, la audiencia sale de la sala con una amplia sonrisa dibujada en el rostro y eso, amigos, no hay precio de entrada que lo pague. Un film de gran factura que nos transporta al mundo del arte, las ideas y las emociones y que no debemos dejar pasar en cartelera. Ir tranquilos, un concierto inolvidable los espera.

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