«Lights Out» (Cuando las luces se apagan): terror en la oscuridad

Tiempo de lectura: 5 minutos

En el 2013, se viralizaba un corto de terror que en menos de tres minutos lograba erizar la piel. El responsable fue David F. Sandberg, quien gracias a ese corto consiguió realizar su primer cortometraje ni más ni menos que bajo la producción de James Wan, uno de los nombres más importantes que tiene el cine de género actualmente.

"Cuando las luces se apagan" es el resultado de un guión escrito por Eric Heisserer (guionista de Destino Final  y la remake de Pesadilla) que le crea una historia alrededor de esa figura que aparecía en el cortometraje. Es que el motivo principal por el que funciona el cortometraje (que se puede encontrar online fácilmente y recomiendo ver) es que genera con muy pocos recursos, una buena iluminación y puesta de cámara especialmente, toda una atmósfera de miedo y misterio.

Una mujer (la esposa del director, que aparece al comienzo del largometraje) que cada vez que cada vez que apaga la luz ve una extraña figura acechándola, ése es todo el argumento que tiene el corto.

Para la película se le crea un trasfondo y así tenemos a una mujer “loca” que habla sola por las noches, su marido, su pequeño hijo y una hija más grande que ya no vive en casa. Maria Bello interpreta a esta madre que genera especialmente en su hijo menor, la duda de si lo que le pasa a ella, esa enfermedad mental que le diagnostican, será hereditaria genéticamente.

Teresa Palmer es la hija independiente que se alejó de esa familia pero no es capaz de asumir compromisos como uno tan simple como un noviazgo oficial. Cuando la madre queda sola con su pequeño hijo, ella acude a rescatarlo sólo para verse envuelta también en medio de algo tan inexplicable como aterrador.

Es así que el argumento, al igual que en el corto, gira alrededor del miedo que puede provocarnos la oscuridad, un miedo tan universal como creíble. Cosas que creemos ver mientras las luces se apagan, porque no todo se ve igual entre las sombras. En este aspecto, el film está bien logrado a nivel estético, aunque si vieron el corto no tiene mucho más para sorprender.

Están además los infaltables golpes de efectos que pueden generar algún saltito. Quizás a modo argumental, se podría haber ahondado en esto un poco más desde lo psicológico.

Las actuaciones son buenas, pero el guión termina cayendo en lugares esperados y, sobre todo, sobreexplicados. El fantasma de Mama también ronda (curiosamente otro largometraje basado en un corto) aunque acá el personaje de Diana, el fantasma, monstruo o esa cosa rara que se aparece en la oscuridad, tenga menos dimensiones.

La resolución también deja gusto a poco, no obstante hay que decir que la película cumple, funciona como película de terror y el guión cierra.

Una ópera prima más que aceptable. Lo cierto es que en su primer día de proyección en los Estados Unidos, la película ya había recaudado su presupuesto. Por eso no sorprende que una secuela esté confirmada. 

Anexo de Crítica por Rolando Gallego

Tomando de partida un corto que fue un suceso en las redes sociales “Cuando las luces se apagan” (USA, 2016), de David F. Sandberg, trabaja con una idea tan simple como a la vez aterradora.

Desde pequeños el miedo a la oscuridad es uno de los que más marca a fuego el descanso o no, pero también uno que ha posibilitado la elucubración de un sinfín de posibilidades sobre aquello que la oscuridad encierra en el momento que apagamos las luces.

Así, el relato comienza con la presentación de un hombre agobiado por su trabajo (Billy Burke) que recibe el llamado desesperado de su pequeño hijo Martin (Gabriel Bateman) con un alarmante mensaje sobre el estado actual de su mujer (Maria Bello).

Terminando su actividad y sin prestar atención a los alertas de una de las empleadas (Lotta Olsten, quien además de actuar es una de las creadoras junto a su marido Sandberg del filme) de que algo “extraño” ocurre con las luces, Paul (Burke) avanza en la oscuridad sin prestar atención a su entorno.

Pero algo allí lo vigila, algo imperceptible en los intervalos iluminados del inmenso galpón, pero que agazapado aguarda al mínimo descuido para acechar y terminar con una misión que posee para continuar con su plan.

Ese arranque tenso, pleno de suspenso y con un logrado nivel de referencia de género, es el climax de un filme que a medida que va avanzando en el relato, tomando distancia del arranque, potencia la necesidad de construir un verosímil que nunca termina de forjar.

Si Pau fue víctima de aquello que la oscuridad esconde, su pequeño hijo, su mujer y su hijastra (Teresa Palmer) terminarán por vivir en vida una pesadilla al desentrañarse el origen del miedo, una mujer llamada Diane (Alicia Vela-Bailey), que sólo habita cuando las luces no están encendidas y que será una trampa mortal para todos.

Sandberg crea un universo único para su Diane y la oscuridad, algo que ya se ha trabajado en un sinfín de historias del género, como “Pesadilla” y subsiguientes, y en más recientes, como en la inédita “The Babadook” (Australia, 2014), o “Somnia” (USA, 2016) en las que un misterioso personaje busca vengarse de un hecho del pasado por el que perdieron la vida.

Por momentos la historia cae en lugares comunes, y hasta se puede perder el vector de la narración al concentrarse, en, por ejemplo, el vínculo entre la hijastra (Palmer) y su pareja (Alexander DiPersia), plagado de clichés y lugares comunes, o en algunos giros de efecto que no terminan por cerrar del todo su idea.

Pero cuando profundiza en el imaginario que relaciona la oscuridad con la amenaza, con el miedo y la muerte, y cuando presenta a Diane, un personaje que debe quedar en la historia de los personajes de filmes de terror, por su horrible aspecto, desaliñada y su capacidad para aprovecharse de los más débiles (la madre), “Cuando las luces se apagan” avanza en su propuesta.

Filme que bucea en miedos comunes y universaliza su historia desde la concepción de una historia simple pero efectiva, el director sabe como potenciar los factores que llevaron a su corto a generar un sinfín de posibilidades para transformarlo en un ser largometraje tomando como eje a un personaje despreciable y manipulador, y a la vez asesino.

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