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«The Hateful Eight» (Los 8 mas odiados): la reunión de los miserables

Tiempo de lectura: 5 minutos

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Tarantino, como buen cinéfilo, tiene sus raíces en lo que más le gusta ver. Pase lo que pase, él vuelve a los personajes del spaghetti western donde el exceso de violencia, de sexo y de las perversiones, le permite hacer los personajes que tanto le atraen. Es su lienzo en blanco y sabe cómo pintarlo de carmín.

Hateful eight es la reunión que se provoca gracias a una tormenta helada que no permite que John Ruth (Kurt Russel) lleve a Daisy Domergue (Jennifer Jason Leigh) a que sea juzgada y cobrar su recompensa. Como el número es importante, empieza a volverse un poco paranoico sobre quién puede querer traicionarlo. Y estar varados en una posada en plena tormenta no ayuda mucho.

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Como Tarantino nos tiene acostumbrados, hay una serie de constantes que se mantienen en este film también tiene sus características letras amarillas y la historia está dividida en capítulos. Los actores son una galería de sus actores previos, con lo cual hay cierto sabor a collage de su propia obra y todos con sus complejas historias y monólogos que nos hacen una idea de estructura episódica. Tanto es así, que en determinado momento ya no aparece la leyenda del nuevo capítulo, sino que directamente el mismo Quentin nos relata lo que sucede. Cosa que también tiene sentido si pensamos que siempre tiene un cameo en sus films.

La película cuenta con algunos elementos remarcables. Para empezar, su fotografía. El manejo de la luz dura recortando siluetas heladas y el vapor que se recorta contra los sombreros, es realmente impecable. El manejo de cámara con planos cenitales, picados, contra picados, esos techos y ese encuadre wellsiano que maneja tan bien hacen que tenga un poder visual inmenso.

Si bien es extensa (3 horas y no todas «necesarias»), el guión tiene un lindo punto de giro que la reanima aun cuando pensás que está liquidada y les diría que es cuando más divertida se pone. Pero sobre todo está muy bien defendida por los actores. Jennifer Jason Leigh es más grande que la vida. Así, sucia, golpeada, un poco border, es de lo más hipnótico en el film. Michael Madsen en su mejor forma, con esa mirada de ojos entrecerrados que es su sello.

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Tim Roth no puede fallarte nunca, ni hablar de Bruce Dern que es una fuerza de la naturaleza. Pero no puedo dejar de adorar a Demián Bichir, es realmente querible, divertido, carismático. Sin dudas de las mejores actuaciones en una película que para mí es de una galería de personajes y profesionales defendiéndolos como pocos.

La música de Ennio Morricone termina de completar la escena para hacer de este un hermoso homenaje más al spaghetti western. A lo mejor sin la frescura que tuvo Django, pero con toda la mala leche del genio del autor, termina teniendo vuelo propio. Probablemente de las películas que volvés a revisar más por el personaje que por la historia.

Anexo de Crítica por Rolando Gallego

En su octavo filme, algo que como siempre él mismo se ocupa de aclarar y enumerar desde los títulos, Quentin Tarantino se mete de lleno con un híbrido que podríamos denominar «western de encierro». Porque «Los Ocho más odiados» (USA, 2015) no es otra cosa que eso, el encierro de ocho personajes en un espacio sin relación «aparente» entre sí.

Y si bien en algún momento la opresión que se desprende del mismo espacio, deja lugar a increíbles planos en escenarios naturales, todo el desarrollo narrativo tendrá lugar en una cantina a la que acuden los personajes para protegerse de una fuerte tormenta de nieve que se avecina.

Allí cada uno, los que llegan, más los que ya están, comenzarán a medirse entre sí, permitiendo a Tarantino, en este lugar, jugar con sus personajes y construirles un universo y sus particularidades a partir de largos y elaborados parlamentos.

La primera etapa del filme, excesivamente largo, por cierto, tiene que ver con una instancia de presentación y contextualización, para luego dejar lugar a una siguiente etapa mucho más activa, en la que los protagonistas comenzarán a desandar los caminos de cada uno hasta la llegada a ahí para ver quién tuvo que ver con cada una de las muertes que van aconteciendo en el lugar y las posibles relaciones que tengan entre sí y con los asesinatos.

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«Los ocho más odiados» tiene mucho de la dinámica de Agatha Christie en cuando a la colocación de indicios, pistas y claves que funcionan como puntos narrativos para consolidar la propuesta, pero también tiene mucho más de otras obras del propio Tarantino, como «Perros de la calle» en tanto puesta, o la más reciente «Django sin cadenas» en cuanto a tono y creación de espacios.

«Los ocho más odiados» avanza lentamente en su primera etapa, y en la digresión se va apoyando en una increíble banda sonora de Enio Morricone, afín a los climas y atmósferas que el director quiere sugerir o imponer.

Los intérpretes ofrecen impresionantes actuaciones, desde aquellos que siempre colaboran con Tarantino, como Tim Roth, Samuel L. Jackson o Michael Madsen, o los que recién llegan al universo tarantiniano como Jennifer Jason Leigh, Bruce Dern, Demián Bichir y Kurt Russel, quienes se dejan manipular por la habilidad de Tarantino y su gran maestría para dirigir actores.

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Si en películas anteriores el director homenajeaba al cine universal y a géneros claves para el desarrollo de éste, en «Los ocho más odiados» la sensación es que todo el tiempo en vez de mirar hacia afuera termina generando un producto autoreferencial en demasía, que dialoga con sus últimas películas, cerrando el universo y el contexto del filme hacia un gran ejercicio estilístico que suena más que a capricho que a una clara intención de seguir creando películas que sorprendan y que aporten algo nuevo a su carrera

El espectador menos avezado, y claro está, el que no tenga ninguna referencia sobre Tarantino (algo casi imposible a esta altura), quizás pueda ir a ver «Los ocho más odiados» con menos sesgos y expectativas, y seguramente, claro, se verá atribulado y cansado por el excesivo metraje de la película, pero podrá relajarse y disfrutar de la verborragia y diálogos únicos de un guión que tiene reservado para su último tramo más de un twist y aditamento sorpresa.

Aquel que con ansiedad quiera nuevamente poder redescubrir a uno de los directores más revolucionarios y transgresores de los últimos tiempos en su nuevo filme, tendrá que esperar a la próxima, porque en esta oportunidad «Los ocho más odiados» sólo le dará una serie de lugares comunes ya vistos en la filmografía de Tarantino y una potenciación de conflictos e ítems que ya han sido trabajados con anterioridad de una mejor manera. Tarantino se mira al ombligo y ofrece uno de los ejercicios de magalomanía fílmica menos logrados de toda su carrera, a pesar que en los rubros técnicos la supremacía es inobjetable.

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