«Madraza»: la transformación

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Ópera prima de Hernán Aguilar, Madraza es una curiosidad dentro del cine argentino. Si bien el cine de género es explorado cada vez en mayor cantidad y con más ganas, en Madraza se conjuga una película de acción con realidad social y al mismo tiempo mucho humor negro, sabe generar risas y al mismo tiempo no escatima en sangre y violencia en las escenas que así lo necesitan.

Una mezcla de ingredientes extraña, de la que cualquier cosa podía surgir, y el resultado termina siendo una muy entretenida e interesante película que vale la pena ir a ver. Madraza empieza con el personaje de Matilde (Loren Acuña, quien es LA película) siendo víctima de una situación tan violenta que le termina arrebatando la vida a su marido, un intento de robo.

De repente se queda sola y asustada, hasta que decide que tiene que hacer algo, que no puede seguir soportando eso. Pero las cosas se suceden también de un modo inesperado, y su simple venganza termina viéndola convertida en una sicario.

A medida que el film se sucede, la madraza a la que interpreta Acuña va sufriendo una transformación tan física como personal. Mientras ella logra desenvolverse con éxito en su nuevo papel, su confianza aumenta y su apariencia física también se va modificando. De humilde mujer sin mayores ambiciones hasta terminar, casi sin quererlo, tomando el lugar de un asesino a sueldo.

Madraza pone en foco el mundo de la clase baja social, las villas, logrando crear un retrato de diferentes gamas de grises. Allí dentro hay un mundo de personajes, desde sucios y oscuros hasta aquellos de un enorme corazón como lo es Matilde, quien cocina para un comedor social.

A nivel actoral, la interpretación de Loren Acuña es demandante y ella logra llevarla adelante con mucha fuerza. Se carga la película al hombro y nos seduce, ya sea desde su frágil apariencia hasta los momentos en que no duda en mostrarse como la mujer de armas a tomar que en realidad.

No obstante, también saben acompañarla unos buenos secundarios, como Sofía Gala en el personaje de una especie de hija postiza para ella y Gustavo Garzón en el del detective que además, rendido ante sus encantos, intenta seducirla. Ellos dos, por separado, logran generar muy buena química con la protagonista y así, unas divertidas escenas.

Una película que más allá de sus limitaciones no deja de ser una entretenida y modesta comedia.

Una propuesta valiente, como su esa mujer fuerte que tenemos como protagonista. Si bien es muy divertida y sabe generar muchas risas, también expone sensaciones más profundas relacionadas a lo social.

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