«Mine vaganti» (Tengo algo que decirles): Adiós al closet

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Ferzan Özpetek es un director ítalo-turco que aborda en sus films la problemática gay en relación con los lazos familiares. Cuenta historias que giran sobre el alumbramiento de la verdad y los momentos complejos que se dan al abordarla. Ya saben, estos productos hasta tienen una subcategoría propia (podría decirse) que se denomina «coming-out-of-the-closet movies». En general estas películas presentan historias inspiradas en hechos reales y tienen enfoques muy personales. Muchos de sus realizadores (la mayoría pero no todos) son también homosexuales, por lo que sus trabajos muestran facetas de la vida familiar muy autobiográficas… No es un tema menor y es una veta narrativa que tiene su público.

A pesar de que hay sociedades con mayor amplitud y flexibilidad para aceptar diferentes preferencias sexuales, lo cierto es que todavía hay mucha resistencia en los adultos mayores a aceptar esto como un hecho natural de la vida de hijos y nietos. Eso pasa en varias culturas y la italiana es, por sus modismos y voltaje, ideal para graficar este tipo de historias. Mucho sentimiento familiar, mucho patriarcado y poca tolerancia a quienes se apartan de lo establecido. Más si ubicás la escena en un lugar alejado de las grandes urbes, donde todo circula de manera habitual y no genera las reacciones que si se dan en los pequeños poblados.

Özpetek situa la acción en Salento, en la región de la Apulia meridional. Allí regresará Tommasso (Riccardo Scamarcio) de Roma, donde cursa estudios universitarios. Quiere ser escritor y llega con la firme idea de notificar a su familia, que su elección sexual es hacia los hombres. El sabe que con la tradicional visión de los hechos que tienen los suyos no aceptarán fácilmente su condición, pero a poco de instalarse y cuando él intenta traer el tema, su hermano Antonio (Alessandro Preziosi) se le adelantará con una confesión de idéntico calibre.

Resultado, el esperado, su padre (Ennio Fantastichini) reaccionará mal y se enfermará del disgusto. Por ende, Tommasso, que venía de paso y con cero intención de permanecer en Salento, deberá sacar adelante la empresa familiar (especializada, obviamente, en pastas!) y ocupar la dirección ya que Antonio es expulsado de la fábrica y señalado el chivo emisario de ese grupo.

Dentro de las órdenes a seguir a la hora de conducir el negocio, se encuentra trabajar con la bella y distante Alba (Nicole Grimaudo, que nos deja sin habla) en una clara decisión estratégica para relacionarlos sentimentalmente… Claro, la demora en regresar a Roma hará que el novio de Tommasso y sus amigos visiten su casa paterna para ver qué sucedió y porqué demora su regreso…  Situación bastante peculiar que se convertirá en el punto más alto del film, el encuentro entre lo tradicional y lo moderno, por decirlo de alguna limitada manera.

Lo que tenemos es una comedia liviana, coral, que busca problematizar algo doloroso y elaborarlo con cierta dosis de humor y reflexión.  Arranca para alquilar balcones y va perdiendo fuerza a medida que el relato avanza.

De por sí, el mayor problema de la cinta es el lavado y desconcertante protagonismo de Scamarcio. Llevando un rol central, compone un gay estereotipado, plano y sin matices. Tiene poca fuerza interior y sólo logra sostenerse en la acción por el acertado acompañamiento de los secundarios, estos sí, teniendo claro el registro de la cinta y cómo llevarlo a cabo. Tommasso luce siempre inexpresivo, transita lánguidamente por sus escenas y eso desinfla el relato considerablemente. Su familia en la ficción es divertida, intensa y esconde varios jugosos secretos familiares, por lo que ellos terminan dotando al film de algún atisbo de credibilidad. Sus amigos homosexuales son un poco caicaturescos pero también aportan frescura e ideas al conflicto central. En definitiva y aunque el director siempre fue reconocido por su gran capacidad para conducir actores, en esta oportunidad, su elección no dio en la tecla y eso afecta el nivel que alcanza «Mine vaganti».

Si ya viste otros trabajos de Özpetek (como «Le fate ignoranti», para mí lejos su mejor film) ya estás familiarizado con el registro y la propuesta. Aquí hay más sonrisas contenidas, un poco más de música y un clima cálido que invita a relajarse, luego de los primeros tensos minutos. Pero está lejos de lograr una película redonda.

Insisto, si el cast hubiese sido más preciso con el protagonista, quizás «Mine vaganti» sería mucho pero mucho mejor.

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