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«Mis sucios 3 tonos»: la adolescencia posadeña

Tiempo de lectura: 2 minutos

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Estrenada en el BAFICI de 2012 (participó de la Competencia Argentina ese año), llega al Gaumont, (y tiene su estreno comercial), «Mis sucios 3 tonos», la ópera prima de Juan Manuel Brignole, escritor y guionista misionero, producto del CIC porteño.

La cinta fue rodada en Posadas y tiene una fuerte impronta autobiográfica para el director, quien armó el proyecto y decidió rodarlo en su provincia, dado que al regresar cada tanto a su lugar, encontraba que ciertos espacios iban desapareciendo por la crecida del río (el puerto de la Ciudad, la vieja estación de trenes, clubes y balnearios locales) y quiso rodar esta cinta para homenajearlos tal y como él los recuerda.

De qué va «Mis sucios 3 tonos»? De Adolescencia, amigos, alcohol, noche, sexo, discusiones, esperas, silencios. Todos estos elementos que circulan en cualquier banda de pibes que salen a compartir un buen momento. Aquí, un grupo de teens que quiere ver un recital (de Fun People), arma un recorrido por la noche local y como algún plan falla, termina en una visita a algunos parajes que ya no están físicamente en la geografía local.

Joaquín Ayala, Flor Bobadilla, Juan Mendoza y Luciano Vega, junto a otros noveles actores, le ponen la piel a este grupo de amigos que no tiene mayor ambiciones que vivir sus ganas de divertirse, sin intervención de mayores. Hay en cada paso de su recorrido una mirada propia del adolescente y un lenguaje simple y reconocible en cada expresión de los chicos: el film es palpablemente puro en su esencia, estos son pibes que pueden ser los que ves cada noche salir a bailar en nuestra ciudad. «Mis sucios 3 tonos» respira naturalismo.

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La narración, para aquellos no acostumbrados al cine independiente local, se propone lenta y cadenciosa, generando un ritmo no muy fácil de sostener para el espectador mainstream.

Rodada con poco presupuesto (esto se nota en la fotografía y en la edición de sonido), la idea de acompañar (con cámara en mano la mayor parte) el recorrido de este grupo de chicos, tiene sus momentos. Es cierto que se ve genuina y directa, pero también, que su trama no representa un foco de interés fuerte para un ojo neutral.

Lo que sí hay que destacarle a Brignone es su convicción para superar adversidades en el rodaje, el manejo de actores y cierta búsqueda por retratar espacios significativos, para él y para sus coterráneos. Ese valioso intento debe ser reconocido. En definitiva, este es un viaje nostálgico donde todos nos sentiremos un poco reflejados, al recordar nuestra época de adolescentes con todas las de la ley.

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