«Mon Pire Cauchemar» (Mi peor pesadilla): polos opuestos

Tiempo de lectura: 4 minutos

Una de las caras más familiares del cine francés, la gran Isabelle Huppert, protagoniza este film dando vida a Agathe, una mujer elegante, fina, intelectual y fría, vive en pareja con el padre de su único hijo, pero no están casados. Quien la acompaña es Benoît Poelvoorde (Románticos Anónimos), interpretando a Patrick, un hombre, para resumir, totalmente opuesto. Él es promiscuo, vulgar, bebedor y tiene un hijo al que le quieren quitar por no tener un lugar donde vivir. Y justamente es por sus hijos que los dos se van a conocer.

La directora es Anne Fontaine, quien se encargó de dirigir a Audrey Tautou encarnada sutilmente en la piel de Coco Chanel en «Coco Avant Chanel».

La película es una comedia de enredos al mejor estilo francés y su encanto radica probablemente en mayor cantidad en su mujer protagonista. Imposible no amar a Huppert, esa mujer menudita, colorada y con pequitas. Probablemente la historia ya fue contada muchas veces, los contrastes entre dos personas tan opuestas que a la vez parecen estar destinadas a estar juntos. «Los que se pelean se aman», nos decían cuando éramos chicos.

No obstante, viendo la película uno se cuestiona muchas veces si estas dos personas finalmente van a terminar juntos. Mientras Patrick no deja de ser un hombre que a veces da vergüenza ajena, Agathe sólo logra liberarse un poco tras unas copitas demás. Además, el film cuenta con unas tramas secundarias que logran agregarle colorido.

Película de mensaje claro y subrayado, en la vida hay que liberarse y disfrutarla. Nos lo dijeron muchas veces, pero ¿cómo no creerle y querer hacerle caso a la gran Isabelle?

 Anexo de crítica por Fernando Sandro

Luego de haberla anunciado repetidas veces durante 2012 finalmente llega a las salas «Mi peor pesadilla», comedia al estilo típico francés que no obstante tiene varias particularidades; su directora y su protagonista.

La historia es simple y ultra conocida, Agathe (Isabelle Huppert) es una mujer correcta, fina, que vive acomodadamente con su esposo e hijo. Adrien, su hijo es íntimo amigo de Tony, y es así como Agathe conoce al padre de este, Patrick (Benoit Poelvoorde) un hombre tosco, desprolijo, en las antípodas de Agathe. Agathe circunstancialmente hospedará a Tony y Patrick ingresará a la casa como empleado; distintas situaciones (que no adelantaré pero que son obvias) llevarán al hombre a tomar el control del hogar trastocando la vida y personalidad de la calculadora Agathe. Ya se sabe, es el clásico, rechazo, compasión, amistad, y amor.

Su directora es Anne Fontaine, y decía que es una particularidad, porque tanto ella (Cocó antes de Channel, Natalie X) como Huppert – la reina gélida del drama – no estan acostumbradas al ritmo de la comedia de enredos, a la típica fórmula romántica de odio-unión-separación-amor para siempre; y sin embargo, y pese a sembrar el camino de clichés, sacan el film adelante y con muy buenas armas.

Uno se imaginaría en ese típico juego del “groncho y la dama” a una Nicole Kidman y a un Hugh Jackman (por citar dos estereotipos de entre miles) jugando al juego del amor-odio; pero Fontaine sabe que tiene otros interpretes, que son otras las cartas con las que juega, y les saca provecho. Huppert (espléndida como siempre) y Poelvoorde están más acostumbrados al clima dramático, al igual que la directora; por eso no encontrarán acá una pila de nervios, son enredos, comicidad y romance, pero a un ritmo tranquilo, agradable, y con gags directos y certeros.

«Mi peor pesadilla» es una comedia de actores, un duelo entre dos grandes interpretes, y entre ellos hay mucha química y saben hacer creíble cualquier situación. También es fundamental el aporte de secundarios con grandes actores como Andre Dussolier y Virginie Efira.

Con un guión más elaborado la ecuación hubiese sido perfecta, las cosas suenan a demasiada casualidad, a apuro en la escritura, a fórmula probada y segura sin riesgo. Pero por suerte tiene un elenco en donde apoyarse. Es un film menor, y tiene autoconciencia de serlo, Fontaine no es ni pretende ser Francis Veber, hasta pareciera haberlo hecho por encargo; para la vasta producción francesa de comicidad este será un film promedio, y aún así le alcanza para destacarse dentro de la media de comedias románticas.

Como siempre, Francia entrega elegancia en sus films, y acá los paisejes de Luxemburgo relucn bien en pantalla, es un clásico for export. El juego del contraste también destaca en este aspecto, Agathe vive rodeada de arte, de “clase alta”, Patrick vive en una camioneta mugrienta. Son esos detalles los que la hacen a la vez que previsible querible, como si uno quisiera ver una y otra vez el mismo film con ligeros cambios.

Como sucediera con la simpática «Rompecorazones» hace dos años, este exponente copia una fórmula de Hollywood y se la apropia al método francés. Puede sonar traspolado, impropio, ajustado, y lleno de clichés ajenos… pero en los momentos en que reluce el encanto galo por sobre la machietta típica se convierte en una experiencia adorable. Dios gracias que cuenta con esos grandes intérpretes.

 

 

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