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«Mustang»: las prisioneras

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Cuando se dio la asignación para esta semana Rodrigo me dijo «A vos que te gustó «Vírgenes suicidas», esta te va a encantar». Y la verdad es que hacer la relación es casi que obligatoria con esta otra, con la diferencia de que no necesitamos padres villanos, sino una sociedad que no es igualitaria.

Esta es la historia de cinco huérfanas que quedan al cuidado de su abuela y su tío. Pero son, ante todo, adolescentes y unidas. Adolescentes que quieren vivirlo todo unidas y donde cualquier inocente (o no tan inocente) juego, termina siendo muy peligroso para su futuro en un pueblo chico, tradicionalista y machista. De repente, empieza a desfilar frente a nosotros un muestrario de buenas costumbres turcas, donde tenemos que aprender con ellas a ser las esposas perfectas. Y vemos la incidencia que pueden tener ellas.

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La película, así, teje entre calores y paisajes y muchas comidas, una densa aura de tragedia, donde aparentemente atrapar fieras apasionadas no puede tener un buen resultado. Siendo fieles a las formas, hay que reconocer que también se presentan buenas trampas pero también limitadas opciones.

Con un ritmo alegre y sin embargo constante para el melodrama, se destaca la fotografía y la genialidad de las locaciones, donde estas chicas están en una casa en lo alto de la colina, encerradas cual princesas y donde el profundo lazo femenino va entre las luces duras y la belleza adolescente. Probablemente donde gana es en el mensaje del lazo entre hermanas pero, por sobre todo, de la necesidad de la ilusión de libertad.

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Lo mejor de todo el film es que se trata de mucho más de lo que muestra y donde los momentos tienen esa fragilidad de efímeros que la hace muy hipnótica. La música tiene mucho que ver con eso: melodías dulces y simples con mucha nostalgia.

El trabajo de las actrices principales es realmente monumental y la batería de mujeres del pueblo, donde parecen todas sacadas de cualquier pueblo chico, adictas a los melodramas televisivos y a protegerse entre ellas, se crea una suerte de hermandad que funciona como refuerzo de las chicas.

De esas raras pelis que hablan de mucho más que la superficie, conservando una lógica femenina y dejando a los hombres como conquistadores de las grandes cosas. De alguna manera, justifica la existencia y la co existencia de todo: de la rebeldía, de la tradición, de las posibilidades de escape, de las posibilidades de atrape.

Anexo de Crítica por Rolando Gallego

La ópera prima de la turca Deniz Gamze Ergüven «Mustang: Belleza Salvaje» (Francia, 2015) es una película coral que enfocada en un grupo de hermanas, que de un día para otro ven como su mundo cambia al ser encerradas en su casa por su controladora abuela, intenta denunciar un estado de las cosas en su país relacionada a la mujer y sus libertades.

Porque en el relato, y cuando las jóvenes son obligadas a ocultarse en la vivienda y a «tapar» con feos vestidos y peinados la incipiente sexualidad que cada una destella, desde la más pequeña llamada Lale (Güneş Şensoy) hasta la más grande, la directora quiere hablar sobre cómo durante siglos se ha relegado al sexo femenino en Turquía a un segundo plano.

Ergüven enfoca su mirada sobre la pequeña Lale (Sensoy) para, a partir de ella narrar todo lo que sucede dentro y fuera de la casa, porque a pesar de ser «encerradas» las jóvenes intentarán salir de allí de una u otra manera y dejarse llevar por la pulsión sexual que cada una posee.

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La directora narra con un tempo lento todo lo que acontece, construyendo una primera etapa del relato lenta y digresiva, más contemplativa, para, con la mirada puesta particularmente en las mujeres de la historias, quienes son víctimas de la misoginia del lugar, aparentemente sin otro vector que una tradición extensa de opresión y maltrato, luego dejar lugar a una vertiginosa historia sobre la búsqueda de la libertad.

Esta búsqueda se originará cuando Lale se entere de la prohibición de público masculino en la final del campeonato de fútbol, habilitando así a las mujeres a asistir al lugar, y sabiendo que les será imposible ir, organizará un plan por el cual llegarán al estadio, plan que sin saberlo será la última salida en conjunto con sus hermanas.

Porque a partir de ese momento su abuela y su tío, quien convive con ellas, decidirán planificar las bodas de cada una de estas para así terminar con la amenaza del debut sexual que tiraría a la borda los planes que ellos poseen para las jóvenes y así también recibir las dotes por los matrimonios.

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No importa la edad de las mujeres, mucho menos la edad de aquellos con los que las quieren emparentar, en la ambición de su abuela y su tío existe la necesidad de negar la realidad de las jóvenes para que, privadas de su libertad, se vean imposibilitadas de decidir qué hacer con su futuro.

«Mustang» bucea en la Turquía profunda, esa que en la actualidad no muestran las historias que llegan por TV tras el boom de la telenovela «Las mil y una noches», pero que también hablan de siniestros planes en los que las mujeres terminan siendo relegadas a un segundo plano sin poder afirmar su independencia ni mucho menos, siquiera pensar en la posibilidad de crecer en algún otro plano que no sea cocinando o dejándose penetrar por sus maridos por obligación.

«Mustang: Belleza Salvaje» atrapa con bellas imágenes y con el desentrañamiento de costumbres ancestrales ligadas a ritos (bodas) y tradiciones (comidas, preparación de alimentos) que le aportan la cuota de «extrañamiento» necesaria para poder empatizar con este grupo de jóvenes que ve como su libertad y su frescura son robadas por una ambición mucho más grande relacionada a dinero y status social.

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