«Otro corazón»: con el pecho lleno de buenas intenciones

 

No es fácil la realización de un film coral, poder contar en la duración de una película promedio varias historia que confluyan en un punto y aún así aunar en un relato común; en su debut como director Tomás Sánchez emprendió (a medias) este camino. Decimos, por los resultados a la vista.

 Si quisiéramos buscar un protagonista en esta película hablaríamos de Leo (Mariano Torre), casado con María (Elena Roger) y pronto a ser padres. La felicidad entre ambos no es absoluta, Leo tiene a su padre (Carlos Moreno) internado con problemas coronarios y necesita de un trasplante; este asunto no lo deja disfrutar de su próxima paternidad. Como si fuese poco, Leo debe encargarse de los asuntos económicos de su padre, específicamente de la venta, o renovación de contrato, de un terreno perteneciente a una cooperativa agraria.

 Por suerte, Leo no está solo, si bien es huérfano de madre, tiene un hermanastro, Clau (Fabián Ginalola) perteneciente a un primer matrimonio del Sr. Rivas con una de las integrantes de la cooperativa (Adriana Aizemberg). Clau es obstetra, más humano que Leo (más pragmático), y como dato, es gay.

El resto de los personajes son los habitantes de la cooperativa (Lito Cruz, Betiana Blum, Marta Mediavilla, Patricia Sosa, Pepe Novoa), la madre de María (Beatriz Spelsini), una doctora (Silvina Bosco) y la secretaria de los Rivas (Nora Zinsky) entre varios otros que cruzan la historia.

Claramente uno de los objetivos del film es ser una suerte de alegato sobre la donación de órganos, especialmente corazones (tiene el auspicio de la Fundación Favaloro) y en cierto punto todo pareciera girar alrededor del asunto. La cuestión es cómo se “disfraza” ese mensaje.

Sánchez no es Robert Altman y eso queda claro a los pocos minutos de iniciada la historia con una secuencia de títulos explicativa de las conexiones entre los personajes, y a partir de ahí uno ya puede adivinar qué es lo que va a venir en el resto de la película, y no le erraría demasiado.

El tratamiento que se busca es el del relato ameno, el de la comedia dramática que busca concientizar, conmover. Hasta cierto punto pudo haberse logrado el objetivo, pero tanto clima ameno termina por convertirse en una liviandad que la hace casi telenovelesca. Si con algo quisiéramos comparar «Otro Corazón» podríamos hacerlo con los institucionales/unitarios de TV que todos los años lanza la Fundación Huésped con historias de aceptación; y en cuanto a otros films lo más cercano sería «Tocar el Cielo» de Marcos Carnevale con quien además de ciertos puntos iguales en el argumento comparten una Betiana Blum con pañoleta en la cabeza.

El cast actoral es valioso (tal vez algo televisivo) y (casi) todos cumplen las expectativas, pese a contar con personajes algo esquemáticos, al borde de ser unidimensionales. Los rubros técnicos son correctos y se nota que hay un cierto presupuesto, ahí Sánchez demuestra cierta pericia para que se entienda qué se está narrando. Pero otra vez, una excesivamente repetitiva banda de sonido atenta contra un sonido en los diálogos que no es de los mejores.

Eso si, entendemos que la idea es dejar un buen mensaje y eso se cumple con creces.

Una película puede ser recordada por sus grandes méritos artísticos, por calar hondo en la cultura popular, o todo lo contrario ser recordada como un exponente deficiente, una de esas experiencias difíciles de olvidar. «Otro Corazón» no es ni lo uno ni lo otro, pero le falta peso dramático y consistencia, en el balance general. 

Puede gustar más o menos, depende de las expectativas con las que uno entre. La sensación es la de algo que pudo ser mejor. Eso sí, hay algo sobre lo que no quedan dudas, Elena Roger canta mejor que Patricia Sosa.

 

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