«Parental Guidance» (S.O.S: familia en apuros): No hay nada más lindo que la familia unida!

Tiempo de lectura: 3 minutos

Se renueva la cartelera y es hora de ver que nos propone «S.O.S. Familia en apuros», comedia con grandes intérpretes que buscan reubicarse en el panorama de la industria y de la que se esperaba mucho.  De movida, les decimos, guión típico, desarrollo edulcorado, mensaje ultra-remarcado, y un elenco protagónico plagado de estrellas que brillaron hace tiempo en este tipo de cine y con probada buena ductilidad para la comedia.

Es la historia de la Familia Decker, los abuelos Artie y Diane (Billy Cristal y Bette Midler), la hija de ambos Alice (Marisa Tomei) casada con Phil (Tom Everett Scott) y con tre hijos Harper, Barker y Turner. Artie, en plena crisis existencial por haber sido despedido de su trabajo como relator, y Diane aceptan viajar a casa de su hija, ya que el matrimonio joven debe/quiere emprender un viaje al cual no pueden/quieren llevar a sus hijos; claro, los abuelos deberán hacerse cargo.

La película, de Andy Fickman -director de «Entrenando a Papá» entre otras-, plantea una suerte de batalla generacional; los dos mayores, cada uno con sus neurosis particulares deben hacerse cargo de tres chicos que lo último que quieren es hacerle caso a estos dos “viejos” con costumbres anticuadas. Mientras tanto, Alice y Phil parecen ir perdiendo el recuerdo de los valores familiares.

Alrededor de esta trama de por más simple, los guionistas hilvanan una sierie de chistes o gags que, como de costumbre, variaran en su efectividad.

«S.O.S. Familia en apuros» (título discutiblemente adaptado, el original -Parental Guidance- orienta más, aunque es menos ganchero) es una película de fórmula, quizás hecha a las apuradas y sin mucho esfuerzo. Muchas situaciones son forzadas, y la remanida anécdota de los pibitos piolas sobre los viejos cascarrabias cada vez hace reir menos (ya hasta irrita). Pero en algo acierta, es una comedia al viejo estilo, en donde sí, el mensaje está hiper remarcado, los hechos se tornan incoherentes, y todo termina demasiado bien y según lo esperado aún antes de entrar a sala; pero es entretenida y fuerza de valores probados, intenta demostrar que la fórmula no está muerta, y sí, los resultados son impares, pero por lo menos hace el intento.

Dentro de ese, volver a lo clásico, el elenco es fundamental; sí, ninguno ofrece el rol de su vida, y varios diálogos son imposibles; pero todos son tan buenos en lo suyo que les alcanza para estar a un cuarto de máquina para sobresalir. Billy Cristal hizo toda su carrera a base de tres gestos, y lo bien que aún le salen, no necesita de más. Bette Midler hace de la típica conservadora, y vuelve a demostrar que los años no le han hecho perder gracia pese a que su personaje en construcción de guión le juegue en contra, es una reina. A Marisa Tomei los años no parecen correrles, tanto como para que creamos que es hija de ambos, hacía rato que no se probaba en una comedia simple, como aquella que le valió el Oscar a mejor actriz secundaria hace ya casi 20 años, acá se la nota algo incómoda y aún entregando una actuación convincente. A Tom Everett Scott quizás se lo recuerde por la ultra fallida «Un hombre lobo americano en París»… sigue con los mismos mohines de cuando tenía 20 años. Es el turno de hablar del trío infantil, tan simpático como odioso e irritante, no es que Bailee Madison, Joshua Rush y Kyle Breitkopf actúen mal, simplemente son odiosos en sus papeles.

Comedia despareja, no llegará a ser un clásico, posiblemente pase desapercibida, pero tuve la experiencia de verla acompañado de dos generaciones, grandes y chicos, y ninguno salió decepcionado; divertir a una brecha grande puede serr un mérito pequeño, pero valedero.

Es la historia de la Familia Decker, los abuelos Artie y Diane (Billy Cristal y Bette Midler), la hija de ambos Alice (Marisa Tomei) casada con Phil (Tom Everett Scott) y con tre hijos Harper, Barker y Turner. Artie, en plena crisis existencial por haber sido despedido de su trabajo como relator, y Diane aceptan viajar a casa de su hija, ya que el matrimonio joven debe/quiere emprender un viaje al cual no pueden/quieren llevar a sus hijos; claro, los abuelos deberán hacerse cargo.

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