«Pirates, band of misfits»(Piratas, una loca aventura): Creatividad, en fuga!

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Otra película de animación sobre piratas. Esta vez, producida por Aardman Aanimations, los creadores de los geniales Wallace and Groomit. Regresan con la misma técnica que usaron en esas películas, y en Pollitos en fuga: el stop-motion con muñecos de plastilina.

El Pirata Capitán es un torpe capitán pirata (la redundancia no es mía, todos los nombres son así) que desea más que nada en el mundo ganar el premio al Pirata del Año, y así demostrar a sus colegas, y por qué no a sus colaboradores, que él no es tan tonto como todos creen. Pero no basta que se acerque al lugar de las inscripciones para ver cómo sus contendientes hacen ostentación de copiosos botines, y sangrientas victorias, alejándolo de la posibilidad de que su sueño se convierta en realidad.

Para poder competir, se lanza en otro raid de asaltos a barcos, de lo más variados pero con una desgraciada característica en común: ninguno lleva dinero, ni oro, ni joyas. Hasta que en un embarque se topa con el científico Charles Darwin, quien reconoce que el supuesto loro del pirata no es otra cosa que un “dodo”, un ave creída extinta y que podrá darle grandes riquezas si la presenta en una exposición, en Londres. Hacia allí va el Capitán entonces, en búsqueda de esa prometida fortuna que lo hará ganador del gran Premio. Sin embargo, Londres es también la residencia de la más acérrima enemiga de los piratas: la reina Victoria.

Una película con bastante de parodia hacia otras del género (animadas o no). Elige como antagonistas de los ficticios piratas a personajes reales como la reina Victoria (en una versión bastante más agraciada que la original), y al mismísimo Darwin. Sin embargo, es por este lado donde empezó a no convencerme. No cierra la construcción del personaje de la reina como una desaforada cuasi-ninja a quien le tiembla el ojo del odio al ver un pirata, ni tampoco la del nerd Darwin, que de tan científico que es está convencido de que nunca tendrá una novia. Por su parte, tampoco convence el Pirata Capitán (cuya voz en el original es la de Hugh Grant). Es testarudo, y casi sordo y ciego ante las evidentes traiciones y complicaciones. Y usa su barba como depósito, como en su momento hacían los dibujitos de los Harlem Globe Trotters con sus cabelleras afro.


Hay humor, guiños para los adultos, y permanentes referencias a otras épocas históricas, que a veces quedan un poco descolgadas, como el “Rey Pirata” que es quien entrega el premio, vestido de Elvis Presley (casi parece que se coló un avance de El último Elvis). El personaje más interesante es el mono entrenado por Darwin, que habla mediante tarjetas con palabras, y es una suerte de versión macaca de su dueño.

A pesar de los esfuerzos, y los talentos detrás, la película no llega a divertir demasiado, y si bien la idea de cruzar a los piratas con Darwin es en realidad de un escritor llamado Gideon Defoe, que ya va por el quinto título de una saga con esta temática, en la pantalla grande no funciona tan bien. Una película mediocre para la empobrecida cartelera de los más chicos.

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