Prncipe_azul._Ariel_Bonomi_y_Harry_Havilio

«Príncipe azul»: la elaboración del dolor (los años que ya no serán)

Tiempo de lectura: 3 minutos

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Jorge Polaco es un director muy importante en la historia de la filmografía nacional. Quizás, para las nuevas generaciones, sea poco conocido, ya que en los últimos años, filmó poco (aunque en 2009 hizo la inédita «Arroz con leche» que espera estreno local) y su cine no es directo y amistoso, sino transgresor, plástico y caótico, lejos de los parámetros comerciales corrientes…

Para los que quieren acceder a sus cintas más «accesibles», no deben dejar de ver «Siempre es difícil volver a casa» y la maravillosa (por lo bizarra y colorida) «La dama regresa» (aquel homenaje a la Coca Sarli, se acuerdan?). No sabemos si alguna vez llegará «Kindergarten» a salas comerciales (tuvo un problema judicial que la hizo película de culto aunque se pudo ver en Uruguay y en algún festival, si mal no recuerdo) pero a Polaco hay que reconocerle su integridad y originalidad como cineasta a lo largo del tiempo.

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En la actualidad, Jorge está atravesando una etapa difícil de su vida, sufre Mal de Parkinson y su cuadro se agravó durante un accidente, con lo cual fue complicado el rodaje de su último opus, «Príncipe azul». A pesar de su condición, se puso al frente de una adaptación de esta corta pieza teatral de Eugenio Griffero, y logró materializarla, dandole su clásica impronta personal. «Príncipe azul» es un cuadro dramático en el que dos adultos mayores, Juan (Ariel Bonomi) y Gustavo (Harry Havilo) vuelven a encontrarse, después de década separados, para reflexionar sobre el amor y el dolor de no haber vivido esa pasión que los unió en aquel recorte temporal…

«Un pacto sellado hace 60 años. Eramos muy jóvenes.Nos conocimos ese verano. Teníamos 16 años. ¡Apenas 16 años! ¡Nos enamoramos! Nos amamos… hacíamos el amor a cada instante. Intensamente…Los padres (de ese amor) se lo llevaron», dice Juan mientras se desplaza por los escenarios-vidriera que Polaco dibuja como fondo.

Esa separación, esa no-concreción del deseo de estar juntos, trasciende ese segmento y marca la línea a seguir. Una casona extraña, unos pocos personajes vociferando erráticamente y Bonimi y Gustavo poniendole el pecho al dolor. Como se puede. A veces con líneas interesantes, otras no.

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A veces con ademanes ampulsos, otras con besos torpes pero apasionados. Pero sí, con amor. Conmovidos. Desbordados. Acabados. La obra teatral habla de la belleza, el paso del tiempo, el odio, la locura, la soledad, el dolor, la ternura, la fatiga y la incertidumbre, pero en un lenguaje hermético y 100 por ciento Polaco.

Desplazamientos estridentes, espacios donde maniquíes y cruces yacen en el piso, mucho blanco y desconcierto… un viaje a su universo. El público puede no saber adonde lleva este recorrido, pero el veterano director si. «Príncipe azul» es un film exclusivamente para seguidores de esta leyenda del cine local.

Tiene la marca a fuego de su estilo y es indecifrable si no conocés nada de él. Puede provocarte levantarte e irte de sala o ponerte en trance a lo largo de su duración. Es cine de autor. Y no cualquier autor. Jorge Polaco. Entendiendo su condición actual (y su fuerza para sobreponerse a ella), a mi, que soy seguidor de su obra, me pareció un relato confuso pero valioso. Pero se que no es sencillo que esto se replique en una audiencia mayor.

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