«Que lo pague la noche»: pesadilla en Lugano 1 y 2

Tiempo de lectura: 3 minutos

Salí del cine un poco aturdido por lo que había presenciado. Me gustan los relatos ambiguos, las intrigas y los juegos que algunos cineastas proponen para desestructurar al espectador y sorprenderlo.

Claramente, Nestor Mazzini (su director y guionista) pensó «Que lo pague la noche» bajo esa premisa: una construcción onírica indecifrable (en formato thriler psicológico) donde nada es lo que parece ser, ambientada en una poderosa e intimidante Lugano 1 y 2, formación de monoblocks histórica en el Sur de Buenos Aires que son en sí, una ciudad en sí misma.

Esteche (Roberto Lavezzari) es un hombre de peso en el barrio (un delegado, o algo así): él es sobre quien girará toda la historia. Los primeros minutos de proyección nos lo muestran en su fiesta de casamiento, al aire libre (en la zona verde de Lugano), con el muro de edificios (intimidante eh!) de fondo… Todo parece ir bien hasta que comienza a sentirse mal (se desmaya), y un par de invitados lo ponen en un taxi para llevarlo (supuestamente) a un hospital cercano. Al parecer, Esteche habría sufrido una especie de pico de presión y eso lo habría llevado a la muerte…según la versión oficial (la de su flamante esposa). Los vecinos de los monoblocks reaccionan con estupor frente a la noticia, sienten que esa desaparición no es lo natural que debería ser, sino que se encuadra en una situación de saqueo de un fondo común del lugar. Lo cierto es que muerto o no, Esteche es el tema de un montón de personas que se sienten afectadas por su desaparición.

Entretanto, se ve la crisis desde la ventana de cada departamento: hay fuego, palos, violencia contenida y mucha paranoia. Al parecer hay programados desalojos y la gente tiene miedo, lo cual la vuelve peligrosamente primitiva en sus emociones…

                                      

«Que lo pague la noche» invita a un viaje fuerte pero honesto, de resultado discutible pero al que hay que reconocerle valores, sin dudas.

A pesar de sentir en el cuerpo el sentido de la dirección que Mazzini le dio al film, por momentos (y creo que esto es producto de los pocos recursos técnicos con los que se contó a la hora de la realización) la cinta te deja solo, abandonado y mirando a las moles de cemento donde la acción se juega sin entender bien que es lo que está pasando. Trata de sumergir al público en un contexto donde las certezas, no existen. Lo intenta, en una economía de elementos forzada (se filmó durante la crisis del 2001) pero su resultado no es del todo redondo.

Sí tienen presencia física (eso hay que reconocerselo), las realidades oscuras corporizadas en sujetos discutiendo sobre amenzas, reales o ficticias, que los desequilibran, secundarios que pueblan la película y disparan conjeturas en distintas direcciones todo el tiempo, desorientando al espectador . También debemos decir que el film tiene problemas de fotografía y audio que dificultan su disfrute en salas (yo la ví en el fondo de la sala 3 del Gaumont y perdí mucho), aunque sabemos que se ha trabajado mucho para mejorarlo. Me hubiese gustado otro tipo de luz para algunos ambientes y algunas vueltas de tuerca en el guión, con mayor protagonismo de algunos personajes en detrimento de otros, pero esto es sólo una opinión.

Saludamos la fuerza de su director y su gente por traernos su trabajo y no haber bajado los brazos a pesar de la adversidad todos estos años. Si Mazzini pudo esto con tan poco, qué futuro le espera con más recursos no?

No votes yet.
Please wait...

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Follow by Email
Facebook
Twitter