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«Revenant» (El renacido): duro de matar

Tiempo de lectura: 3 minutos

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Una de las películas más presentes en esta temporada de premios (ni más ni menos que con 12 nominaciones al Oscar), es «The Revenant», lo nuevo del mexicano Alejandro González Iñárritu, un realizador capaz de generar las más dispares emociones en el espectador.

Intento siempre ser lo más objetiva posible cuando se trata de este realizador, pero lo cierto es que su cine y yo no logramos congeniar. «The Revenant» me parece un mejor producto que lo que fue «Birdman» (ganadora el año pasado como Mejor Película en los Oscars), pero eso no es decir demasiado de todos modos.

El film comienza de manera prometedora. En medio de una expedición de cazadores de animales para vender sus valiosas pieles, estos son atacados por un grupo de nativos. Pero la trama comienza realmente cuando el personaje interpretado por Leonardo Di Caprio (un hombre de pocas palabras, de sabia apariencia, en quien el comandante confía plenamente, y quien viaja junto a su hijo mestizo) es atacado salvajemente por un oso y no puede continuar el camino junto al resto.

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Sin embargo no es acá cuando se termina la travesía de Glass, el personaje en cuestión. Porque una traición producto de un personaje que desde un principio demuestra que no lo quiere para nada, interpretado por Tom Hardy como otro de esos personajes poco cuerdos que parece disfruta interpretar, lo deja sin nada pero a la vez lleno de fuerzas y deseos de venganza.

La película basada libremente en la novela de Michael Punke y escrita por Mark L. Smith intenta abarcarlo todo. No es sólo una historia de venganza propiamente dicha, sino también un retrato sobre la posición del hombre junto a la naturaleza, lo pequeño que podemos ser ante ésta y también el uso y abuso que a veces hacemos de tal. Es acá cuando el director no teme mostrar imágenes poco amigables, en escenas que siempre se sienten más extensas de lo necesario (y a veces hasta inverosímiles).

Así, Iñárritu quiere abarcar más de lo que es capaz. Sus influencias son claras, Malick y Herzog principalmente. Pero el desarrollo de su película se termina sintiendo estirado, aburrido y reiterativo. Y como siempre, no puede ser sutil, subrayando mensajes y metáforas.

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La fotografía de Emmanuel Lubezki es de lo mejor que tiene para ofrecer el film, tomada sólo con luces naturales. Por otro lado, las interpretaciones. Leonardo Di Caprio ya demostró hace años que se merece un Oscar, pero la Academia no lo ha querido demasiado aunque parece que este es el año en el que finalmente se alzará con el premio. Merecido, claro, porque él se entrega por completo a su personaje, pero honestamente ha tenido mejores performances a lo largo de su carrera.

Tom Hardy también está nominado, aunque con menos posibilidades, como actor de reparto y lo cierto es que su nominación tampoco está regalada. Otra interpretación a tener en cuenta es la de Domhnall Gleeson, actor que viene haciéndose tímidamente su lugar en la industria, y apareciendo hoy en cuatro de las películas con nominaciones al Oscar (además de la película en cuestión, Star Wars: El despertar de la Fuerza, Ex Machina y Brooklyn).

A la larga, «The Revenant» es una película que se siente artificial y forzada, se la siente pretensiosa una vez más. Tiene sus méritos pero al final se queda a medio camino en su indecisión. Muchas escenas innecesarias (además de las poco agradables que menciono anteriormente, los flashbacks sobran casi todos), un muy buen comienzo, un desarrollo extenso y pobre, y una resolución que repunta pero no lo suficiente terminan de hacer de esta película algo que no llega a la altura de lo que uno espera con sus reconocimientos (aunque se podría recordar que tiene más nominaciones que premios ganados por ahora, lo que no la sitúa entre las más favoritas para llevarse el premio mayor de los esperados Oscars).

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