«Soul kitchen»: inmigración y desempleo ‘a la carte’ con el sello de Fatih Akin

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Para quienes no conocen el cine de Fatih Akin, debemos decir que es un cineasta alemán de los más talentosos de su generación. Su ascendencia turca lo ha atravesado de manera que sus films giran en relación a la inmigración que recibe Europa del este, en especial, el país germano. Su bien ganado prestigio lo ha conseguido con dos enormes trabajos («Heads on» y «The edge of heaven») que parecen difíciles de repetir, en cuanto a profunidad y complejidad emocional. Digamos que sus películas son en general, fuertes, emotivas (sus personajes sufren situaciones extremas y están atravesados por esta cuestión cultural que funciona como obstáculo y a la vez como desafío) y han ganado muchos premios a lo largo de la última década. Nos llega su último trabajo a la cartelera, «Soul Kitchen», cinta interesante, divertida y amigable (León de Plata en Venecia 2009, Premio especial del Jurado) que, sin ser de los puntos altos de la carrera de este director, cumple en su objetivo de entretener y mostrar una visión actual de cierto sector de la sociedad alemana, el que sufre el drama de la inmigración y el desempleo.

Para quienes amamos el mundo de la gastronomía, «Soul kitchen» tiene un sabor distinto, debo decir. Y eso se debe al enorme trabajo de Akin para decodificar un mundo que no es el que él domina (en su making of reconoce no ser un conocedor del tema) y mostrarlo con clara y meridiana precisión. Hay una visión en él para mostrarnos en otro ambiente, su leiv motiv habitual (ser inmigrante y estar enfrentado a fuerzas superiores a tus posibilidades a la hora de arraigarte en una tierra) y no dotarlo del dramatismo de anteriores trabajos, sino conectarnos con la situación desde la actitud positiva para hacerle frente. En ese sentido, «Soul kitchen» se parece mucho a la vida misma y esa faceta es exclusivo mérito de un guión que escribió en compañía de Adam Bousdoukos, nada menos que el actor principal de la cinta. El espíritu del libro no deja de lado el habitual tema de la inmigración en esta nueva Alemania integrada y multirracial pero lo presenta de una manera cercana y cristalina, donde reconocemos en los rostros de cada protagonista, algo de nosotros mismos, en aquellos momentos donde damos lucha para conseguir nuestros sueños a cualquier precio. O sea,  no crean que esta «cocina del alma» es una película sobre restaurantes, porque no lo es. Al menos, no en su esencia. Digamos que la acción tiene como eje este tema del establecimiento y la transformación de un comedero barato en un lugar exótico y exclusivo, pero las diferentes subtramas que se juegan por debajo, tienen buen sabor y no son inocentes, cada una aporta a que el film no sea «No reservations» sino algo genuino y lógico, dentro de una línea que no desborda en ningún momento (lo cual hubiese sido delicioso, pero no se da) pero tampoco nos deja vacíos. Es probable que si no han visto el cine de Akin hasta esta película, cuando salgan del cine buscarán las anteriores para conocerlo en profundidad. Y eso, es definitivamente, una buena idea

Eso si, no se dejen guiar mucho por el trailer, porque parece en su versión americana, un avance de «Kitchen Nightmares» de Gordon Ramsay.

A ver, tenemos a un inmigrante griego de nombre Zinos (Bousdoukos), quien tiene un galpón en el que sirve comida, llamado «Soul kitchen». No sabemos muy bien como logró comprarlo, está entre una vía férrea y un río, en Hamburgo, pero es su lugar en el mundo. El es el cocinero del lugar, y sus habilidades no son de lo mejor. Su clientela no es adicta a las excentricidades y él solo se dedica a fogonear lo básico, sin ninguna sofisticación. Cuando arranca la cinta, está en crisis con su pareja, ya que su novia, Nadine (Pheline Roggan) parte a China a seguir su carrera de periodista. Ella es una chica de clase alta y trata de convencer a Zinos que viaje con ella y abandone su restaurant. Nuestro amigo se niega y la fortuna lo pone de cara a un genial chef desocupado (la escena donde renuncia a su trabajo con el incidente del gazpacho caliente es imperdible!), Shayn (Birol Unel en una composición fantástica) quien pasará a ser su empleado de la noche a la mañana. Obviamente, su óptica sobre la comida es diamentralmente distinta a la de Zinos, así que por ese lado tendremos espectáculo garantizado. Pero eso no es todo, el hermano del dueño de «Soul kitchen» es un convicto que sale en libertad condicionada y desea incorporarse al staff, para poder gozar de ese beneficio en forma permanente con lo que el personal del lugar se modificará dando lugar a situaciones interesantes… Hay muchas historias pequeñas que se cruzan y todas se degustan con calma, como un buen plato se merece. En ese sentido, la comida dispara muchas líneas donde Akin volverá a los temas que lo atraviesan pero presentados desde una atmósfera más positiva, lo cual es otra faceta de su cine.

Podría escribir mucho más sobre «Soul kitchen», su cuidada y escénica banda de sonido y el tratamiento visual para encuadrar lo que pasa en el restaurant, pero sería innecesario. Es una buena película. Nada del otro mundo, no es de las comedias en las que las butacas tiemblan y las carcajadas estallan a cada instante, no, no es su marca distintiva, pero es un producto noble y atractivo, a la luz de las 10 películas que renueva la cartelera esta semana…

Diez estrenos, no será mucho?

 

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