«Source code»: La vida y la muerte en 8 cíclicos minutos

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El inglés Ducan Jones es uno de mis directores británicos favoritos de este último tiempo. No tiene una filmografía extensa (dos títulos y un corto), de hecho, yo sólo ví «Moon», su primer largo, premiadísimo thriller de ciencia ficción en el que con pocos elementos logra traer una historia atrapante. Para quienes no la vieron, pondré en el perfil público del espectador avezado, el trailer de la película en un rato porque creo que junto a «Source code», van de la mano, no forman una unidad, pero la manera de narrar de Jones este tipo de género es fresca y poderosa. En «Moon», hay un sólo personaje a lo largo de toda la historia (Sam Rockwell en seguramente uno de sus mejores trabajos) pero es de tal magnitud el conflicto que plantea y la atmósfera que crea, que el film, a pesar de ser pausado logra una intensidad pocas veces vista con tan pocos recursos físicos. «Ocho minutos antes de morir», en cambio, es más vertiginosa, pero tiene comparte el espíritu por cuestionar lo establecido y abordar estrategias extremas cuando el sujeto debe enfrentarse a situaciones límites que desestructuran su centro. El director cuenta (otra vez) con un gran actor para el rol central y obtiene de Jack Gyllenhaal otra lucida actuación que lo posiciona como uno de los más sólidos intérpretes con que cuenta la industria en este último tiempo. Cuando me acomodé en la butaca y ví los primeros minutos, ratifiqué mi alianza con Jones, es un realizador en el que hay que confiar.

En su enorme debut, lo único que me pareció como algo a reformular era el tempo de la historia. Si bien el contexto propiciaba ese tipo de narración, lo cierto es que para el espectador corriente, esto jugaba en contra y a pesar de la gran actuación de Rockwell, eso se percibía en el cuerpo. Aquí, con otro guión (mención para Ben Ripley, que si bien escribe sobre ciencia ficción hace tiempo, sus últimos trabajos fueron bastante discretos), pudo probarse en un ritmo más marcado, incitando a su equipo a generar un clima trepidante, donde cada segundo es vital para el desarrollo de los hechos. En esa transición, está probado que el hombre tiene futuro ya que logra mover su registro y adaptarse a contar una historia que acelera el pulso de la previa.

«Source code» es una película nacida a la sombra de «Inception». Propone al espectador un viaje (menor, convengamos que la de Nolan es una obra maestra) por planos y realidades virtuales y materiales que se interrelacionan de acuerdo a leyes que están pautadas por cierta lógica metafísica. Quiero decir que es una película que tiene varios niveles de trabajo y en la que hay que estar atento para entender el código que propone, de manera de lograr acceso a su capa interior (core). Si crees que es una simple película de ciencia ficción, puede que los interrogantes finales (abiertos) que ofrece el film te pasen desapercibidos y honestamente creo que son lo más valioso que la cinta puede dar. Más allá de hacernos pasar un buen rato, aquí la idea que prima es la de pensar, cuántos universos paralelos podrían coexistir con el nuestro en este momento (y aquí ya hay estudios serios de física cuántica que teorizan sobre ellos) y cuales son las maneras en que podríamos acceder a los mismos.

Jack Gyllenhaal es Colter Stevens. Por alguna extraña razón, se encuentra en una situación límite. Está viajando en un tren hacia Chicago, en compañía de su novia, Chrtistina Warren (la dulce Michelle Monaghan), a quien desconoce por completo. Todo le parece raro en su entorno y mucho más cuando a los 8 minutos de tratar de entender donde está, el tren en el que viaja vuela por los aires, generando una explosión atómica con todas las de la ley. Al despertarse, se encuentra en una especie de cápsula en la que por una pantalla le dan parte de la información que necesita para su misión: el es marine, está en la mente de alguien que falleció en ese vagón y han logrado «insertarlo» en ese momento porque intentan descubrir la identidad de quien puso la bomba en el lugar. La máquina que logró hacer eso sólo puede llevarlo a ese lugar, ocho minutos antes del desastre, por lo que una vez que transcurra ese tiempo, el sistema resetea (el muere, junto a los demás) y vuelve a cargar la misma escena. La tarea no es sencilla, Colter debe buscar en el tren pistas para dar con el responsable del atentado y su tiempo es escaso. Ante cada error, volverá atrás y deberá volver a intentarlo: forma parte de un programa científico militar y debe obedecer la orden de la superioridad. El es marine (y no contamos más sobre su vidal porque sus zonas grises son lo más rico del film) y tiene entrenamiento para poder llevar a cabo el objetivo… Aunque las emociones se van haciendo carne y comienza a relacionarse con Cristina y el resto del pasaje de manera especial. Eso provoca que agudice sus sentidos y asuma la tarea con compromiso real…Eso sí, cada ocho minuto, reset y volver a empezar si no pudimos descubrir al terrorista…

Ustedes dirán…»¿no es repetitivo? ¿no cansa?»… En este caso no, porque cada vez que Colter regresa, aprende de sus errores y comienza a cuestionarse los límites del mundo en el que se mueve, con lo que incluso un final como el gobierno quiere, tampoco le garantiza su éxito personal, así que agudizará el ingenio para poner a prueba incluso, las leyes cuánticas que generan los mundos paralelos…

Es una película alejada de las clásicas blockbuster del género. Está hecha con un presupuesto más acotado y no verán costosas escenas de animación digital aquí  (la mayor parte del tiempo las acciones transcurren dentro del tren) por lo que «Source code» se sostiene exclusivamente del carisma de Gyllenhaal y las solventes actuaciones de sus secundarios, la operadora militar a cargo de la comunicación con él, Collen (Vera Farmiga, excelente) y la tozudez del doctor Rutledge (Jeffry Wright), el creador e ideológo del dispositivo. Entre ellos hay buen feedback y los contrapuntos filosóficos que se despliegan, merecen la atención del público.

En definitiva, un film interesante, alejado de los tanques que caracterizan a las películas de ciencia ficción, pero con valores que atraen con armas nobles.

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