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«St Vincent»: mi vecino es un ídolo

Tiempo de lectura: 4 minutos

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Indudablemente no hablaríamos de «St. Vincent» sino fuera Bill Murray su protagonista. En sí, el film llegó tan lejos, como lo permitió el carisma y oficio del increíble y veterano actor. Porque no puedo decir que este segundo largo de Theodore Melfi (una apuesta de la industria, más productor que otra cosa) sea redondo ni mucho menos, pero su valor radica en la potencia de Murray para exprimir una historia simple y volverla una película amena y atractiva.

No vamos a descubrir que es un actor que está de vuelta, sí decir que papeles como el que hace en «St. Vincent», le quedan perfectos, a medida.

Ya saben…Humor ácido, corrosivo, lenguaje gestual extremo, aire de «la vida es esto, y hay que vivirla hasta donde dé» (I wanna be a Rolling Stone, no?) elementos que utiliza el viejo Bill para empujar el film hacia arriba. A ese arsenal, sumale un niño para establecer esta complicidad de edades que da lugar a escenas tiernas, y estás adentro: seguro la vas a pasar muy bien aquí.

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La historia es la de un hombre mayor, bastante deteriorado, jugador, con problemas económicos y bastante particular. A su vecindario llega una mamá con problemas, Maggie (Melissa McCarthy) con su hijo Oliver (Jaeden Lieberher), escapando de un matrimonio complicado.

A nadie le sobra un dólar y ella rápidamente se ve forzada a establecer una relación con el vecino de al lado. Al trabajar muchas horas, no tiene medios para dejar al pequeño y no le hay más alternativa que «contratar» a Vincent como «babysitter» como medida de emergencia.

Claro, el juego, las bebidas alcohólicas, las malas compañías y los incidentes estarán a la orden del día, dado que el adulto «mayor» es un sujeto que no se priva de nada. Hasta tiene un pseudo romance con una prostituta rusa (jugada por Naomi Watts, bastante difícil de reconocer) para completar una vida bastante intensa dada su avanzada edad. Es así que Oliver y Vincent se harán amigos, y compartirán divertidas aventuras juntas (un poco de todo, por supuesto).

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Todo terminará (más allá de algunas vueltas de tuerca) de manera previsible y placentera.

El guión de Melfi no ofrece muchos matices, pero el magnetismo de Murray, su impresionante dominio de cuadro, hace que a la película no le sobre un fotograma. Absolutamente adorable por donde lo mires, el hombre vuelve a hacernos reír en forma con su estilo personal.

Si te van las pelis de Wes Anderson o viste mil veces «Lost in translation», no te la tenés que perder. Muy buena.

Anexo de crítica por Patricia Relats

Esta comedia dramática es el primer largometraje de Theodore Melfi. Acostumbrado un ritmo de cortometrajes, parecería un desafío sin paralelos, pero con este su propio guión, se metió de lleno en el proyecto. Para llevarlo a cabo, lo que necesitaba era una muy buena estrella para llevar el rol de Vincent, el ex combatiente de Vietnam que está un poco agobiado por las deudas y su novia streaper embarazada no ayuda al panorama. Y lo encontró en Bill Murray. Un enorme Bill Murray.

La historia empieza cuando una mujer recién separada con su hijo llega al barrio y terminan al lado de la casa de Vincent. Maggie (Melissa McCarthy) es una trabajadora de la salud en un puesto nuevo que intenta sacar adelante a su hijo en una escuela nueva.

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Claro que ella misma tiene que afrontar la pareja que perdió y ver enfermedades todo el día, pero el verdadero foco está puesto en la relación que su hijo Oliver (Jaeden Lieberher) construye con el vecino. Oliver es un chico con un padre aparentemente ausente, con una madre que intenta sacarlo adelante y con una suerte de compañeros abusadores que no ayudan a que se sienta ni un poco protegido.

La comedia es llevadera pero de ritmo irregular, donde la primera mitad es mucho más entretenida y ágil que la segunda que ya apunta a la lágrima fácil, pero sobre todo es tierna. Con personajes que tienen matices y relaciones interesantes entre ellos.

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Bill Murray está soberbio como este hombre un poco tocado pero que resulta ser una buena guía y una buena persona para tener cerca, o lo que más se le acerca. Pero McCarthy debe ser el personaje más querible, con esa cuota de realismo, dejando de lado todas sus morisquetas habituales. Naomi Watts está muy sobreactuada en este rol de una streaper embarazada rusa, por más que su personaje es agradable, ya que se distancia mucho no sólo de a quien estamos acostumbrados a ver en pantalla cuando la vemos sino también de sus posibilidades como actriz. Su acento es incómodo y el resultado final de su trabajo, también.

La película tiene diferentes momentos que todos van en torno a la superación de los adultos como personas para estar al servicio de los chicos, porque eso es lo que haría “un santo” desde la perspectiva de él. Sí, es verdad que es facilista y efectista, pero no son valores que nos moleste ver. El resultado final es una peli liviana y con ritmo, pero con una gran actuación de Murray que vale por sí misma bastante de nuestro rato.

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