«Stolen» (Contrarreloj): ladrón que roba a ladrón…

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Nicolas Cage sigue empeñado en hacernos creer que es un héroe de acción. «Stolen» es un claro ejemplo de sus ganas de convertirse en el héroe de acción que nunca será. Esta es una película de Simon West, director abocado en general al cine de acción, en cuyo currículum figuran «Con Air» (también con Nicolas Cage), «Lara Croft: Tomb Raider», «The Mechanic» y «The Expendables 2».    

 

«Contrarreloj» tiene todo lo que se puede esperar de una película de acción efectista, nada más. Un protagonista que es definido como «el mejor ladrón de bancos del mundo» pero al que un robo le sale mal y entonces pasa largos años preso, lo que lo aleja aún más de su familia, una hija adolescente que va a terapia casi por culpa suya, un ahora enemigo ex compañero suyo que se sintió traicionado por él (el carilindo Josh Lucas con un look un poco bizarro, casi caricaturesco) cuando en realidad al que abandonaron fue al propio protagonista, y un policía que siempre lo tendrá en la mira, sobretodo porque cuando lo atraparon, el dinero (una suma enorme, claro) nunca apareció.

 Nicolas Cage (a favor suyo, más bien contenido) es un ladrón, pero es honesto, así se lo percibe, es una buena persona que intenta retomar la relación con su hija. Josh Lucas es el villano, que en estos años no hizo más que juntar rencor y hoy sólo quiere lo que él considera suyo. El policía, Danny Huston, no es más que una piedra en el camino, un hombre que necesita volver a su vida pero no puede más que ser la sombra de este ladrón mientras siga cometiendo (o sospechando que lo hace) robos. Acompaña en el relato la bonita Malin Akerman, como la única compañera que le sigue siendo fiel tras estos años en la cárcel, aunque se haya alejado ya del mundo del delito.


La película empieza con todo: un trabajo de montaje nos hace pensar que esta puede no ser una simple película más del género, en la que nos hacen creer algo que no es, nos engañan como al mismo policía. Pero esto dura unos pocos minutos, el resto de la película no escapa a los clichés, a las persecuciones automovilísticas, secuestro de su hija (lo que mueve a su protagonista a volver al ruedo), luchas cuerpo a cuerpo en las que siempre sale ganando, el reloj que corre, y así hasta llegar a un final, ya cada vez más absurdo.

Simon West entrega un film entretenido, que se nutre de fórmulas muy típicas del cine de los ochenta y los noventa de acción, y por lo tanto cumple con su cometido.

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