«Super 8»: Abrams homenajea al cine de los 70

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«Super 8» es un film particular. Nació de un proyecto de JJ Abrams (hombre de la televisión -el escritor de «Lost», básicamente) que encontró rápido eco en Steven Spielberg, quien la produjo. Sabemos por la prensa que los dos compartieron el set de filmación en varias oportunidades y que la pasaron realmente bien durante el rodaje. Viendo el producto final, es evidente que su buena relación ha operado para que esta sea una más que interesante y atrayente cinta de suspenso que homenajea a un nutrido conjunto de elementos que el clásico cine de aventuras setentoso poseía en cantidad. Es raro en estos días ver algo así, estamos (mal) acostumbrados a deglutir productos de ciencia ficción en formato digital plagados de efectos que desnaturalizan cualquier atisbo de contar una historia decente.

«Super 8» bucea en un formato ya probado en esa lejana época (las películas de niños que enfrentan situaciones extraordinarias) y busca instalarnos en ese momento histórico a través de una gran fotografía y un encuadre tradicional y pausado, a contramano de cómo se filma hoy. Se toma el tiempo necesario para construir suspenso sugiriendo antes que mostrando, adoptando una postura casi abandonada por el cine actual. Abrams no necesita animaciones digitales para impresionarnos: la historia de a ratos tiene un clima que mete miedo y eso, es su mérito (el también la escribió). Está bien que toma inspiración en la escuela de Spielberg («ET», «Close encounters…») en cuanto al impacto que tiene lo sobrenatural sobre gente corriente, pero aquí su particular manera de escribir (su sello personal) instala un escenario empático inmediato que atrae nuestra atención. Sin dudas pocos cineastas podrían haber salido bien parados con este guión, no es una historia que cualquiera podría dirigir… O producir. Claro, aquí el posicionamiento siempre parece haber estado claro.

Corre el año 1979 y estamos en un pueblito de Ohio. El verano llega y con él, el tiempo para los proyectos postergados. Un chico del lugar, Charles (Riley Griffiths), está cerrando un corto que hizo sobre zombies para un festival de cine alternativo. Ha reescrito una escena y convoca a un par de amigos a rodarla en las cercanías de una estación de tren. Uno de ellos es Joe (Joel Courtney), quien recientemente ha perdido a su madre y lucha para superar su dolor y salir adelante. La idea de ir tarde a acompañar a Charles no lo entusiasma, pero cuando se entera de que el rol femenino lo hará Alice (Elle Fanning, la hermana de Dakota), aceptará. Ella es una de las más bellas y talentosas alumnas de la escuela, así que bien vale la experiencia. Junto a algunos compañeros acuerdan juntarse a medianoche para grabar la toma restante.

Con el equipo técnico instalado (estos chicos tienen 12 años eh!) y en el medio del rodaje, presenciarán una violenta colisión entre un camión y un convoy (formación ferroviaria) que transitaba a esa hora por el lugar. El accidente es tremendo y ellos son testigos de una situación que no deberían haber presenciado (no es precisamente un hecho fortuito). Algo extraño viajaba en uno de los vagones por lo que a poco del luctuoso incidente, militares comienzan a llegar al lugar en gran cantidad. Los chicos lograrán escapar, pero las consecuencias de lo que esa noche sucedió afectarán sus vidas y las de los habitantes de su pueblo. La fuerza aérea tomará las riendas de control del lugar para encontrar algo que perdió durante el choque… y no se detendrá hasta encontrarlo…

Es, en pocas palabras, una historia de suspenso. No simple. Está atravesada por un coqueteo con varos tópicos como el romance, la amistad,  el drama y la ciencia ficción. Abrams da dos pasos y está homenajeando a alguien de aquella época, ya sea, George Romero (en todo lo que tiene que ver con los zombies, sino miren el poster que hay en la habitación de Joe), su amigo Spielberg (la banda de chicos parece extraída de «The Goonies») e incluso, él mismo (con la referencia a «Cloverfield» de la que fue productor, visto en la manera en que se encara el enigma de la criatura). Lo que es cierto, también, es que esa oscilación entre los diferentes componentes que van desgranandose no se ensamblan para generar cohesión de manera natural. Y en ese sentido van las críticas de los cinéfilos: a veces cuesta definir «Super 8» porque es una mezcla extraña y lo virtuoso de su remix retro a veces suma confusión en vez de claridad. Por otra parte, la película vira de tomas de alto voltaje emotivo (donde se luce una Fanning sorprendente) en las que se reflexiona sobre lo familiar a otras donde remite al terror de lo oculto (tipo «Halloween» de esos años), con las desapariciones de los habitantes del pueblo, por ejemplo.

En ese sentido, es extraña la alquimia que opera en esta construcción, a muchos puede no gustarle pero en general el interés no decae a lo largo del metraje. Excepto en el cierre.  Ahí mucho de lo bueno que nos atrapaba tiene una resolución que no hace justicia al trabajo previo de la cinta. Pero bueno, nadie es perfecto.

Si buscan una película distinta, (parece filmada realmente en los setenta con la técnica que se la trabajó) esta es una muy buena opción. Quizás no se sientan del todo cómodos los seguidores del género más estructurados, pero seguramente sí lo harán quienes se dejen sorprender por estilos y climas de narración poco convencionales. Abrams se va perfilando como un tipo al que hay que seguir cuando hace cine. Alentador y cautivante estreno para esta semana.

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