«Survival of the dead»: En la isla de los perdidos…

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La crítica internacional le ha caído mal a «Survival of the dead». En sí, esta película funciona como una tercera parte de la esta etapa nueva de la carrera de George A  Romero iniciada con «Land of the dead» (2005). Aquella excelente cinta, producida por Universal Estudios, abrigó esperanzas de ver alguna renovación en el género ya que si bien siempre se vio la alegoría entre las clases sociales y los zombies, en «Tierra de los muertos», Romero va más allá y construye una poderosa tesis sobre las relaciones de poder político y económico, dentro del contexto de una típica película clase B, admirable por donde se la mire. Seguramente si no les gusta el terror (o el gore), ustedes no la deben haber visto, pero es una cinta que invita a una reflexión cruda sobre el mundo que vivimos, (usando todos los clichés del género) pero teniendo clara su dirección y mensaje. Claro, Romero necesitaba reinventarse. Si bien el fue el creador de esta escuela y del tema sabe, lo cierto es que su espíritu inquieto lo obligan a pensarse filmando aún a su avanzada edad.

El dió luz a esta corriente a fines de los 60′ cuando con 114000 dólares hizo «The night of the living dead». Fue un éxito instantáneo dentro del denominado cine de bajo presupuesto y originó una revolución en su momento por dar una vuelta de tuerca a un tema que hasta ahí, había sido enfocado desde otro lugar. No es que en el medio no existían líneas que habían abordado la idea («I eat your skin» de 1961 y «Plague of the zombies» cuatro años después hablaban de esta cuestión) sino que en ellas las oscuras criaturas eran manipuladas por un sujeto que los conducía, a diferencia de la autonomía que Romero introduciría en aquel recordado trabajo del año 68. Sus muertos vivientes actuaban por sí mismo y tenían emociones. Eso impactó mucho en la gente en su tiempo y las escenas de asedio de aquella primera historia son consideradas modelo de trabajo para varias generaciones sucesivas de cineastas. Esa «Noche de los muertos vivientes» marcó un antes y después en la vida de Romero. Pero con el correr de los años (y las décadas) introducir modificaciones a la historia central, se fue haciendo difícil.

 

Ya nadie esperaba nada de él cuando «Land…» pateó el tablero hace seis años. Al poco tiempo rodó «Diary of the dead» (2007), buscando ganar credibilidad para sus zombies y presentando a un grupo de sobrevivientes en el sangriento holocausto canibalístico, pero viviendo su propio reality show. Hay alguien que registra por medio de una cámara todo lo que va sucediendo en esa historia y esa grabación juega con el signo de los tiempos. Hoy en día, filmar y vivir, registrar y publicar, son hábitos de la sociedad de consumo. Los números no le dieron bien pero a este cronista la dirección le pareció buena. Es cierto que el resultado fue desparejo, pero la intención de sumar elementos contemporáneos a la trama original, me parecieron honestos y potables. Y no hay dos sin tres.

 

Ahora llega «Survival of the dead» y si bien el corazón de la propuesta parece agotado, Romero abraza nuevamente el camino del análisis sociológico a baja escala. Con un libro poco pulido y una narración rudimentaria, nuestro director sigue enfrascado en su universo zombie pero tratando de sumar elementos que le permitan instalar cuestiones que nadie se preguntó antes en los cientos de films sobre muertos vivientes que se hicieron…

¿Qué pasaría si se lograra que en vez de comer carne humana y beber sangre, los afectados por el virus pudieran alimentarse de otro modo? ¿Sería una solución a la batalla que esa sociedad tiene con una naciente subraza que amenza la integridad del género humano?

«La resistencia de los muertos» nos trae una isla llamada Plum. En ella, dos familias se disputan el poder: los O’Flynn y los Muldoon. Sus líderes son patriarcas de larga data y ahora, con la candente cuestión de la guerra contra los mutantes, tienen posiciones muy encontradas. Para Patrick O’Flynn (gran actuación de Kenneth Welsh), hay que eliminar a los zombies. Matarlos. Es hombre de acción y su palabra choca con la de Seamus Muldoon (Richard Fitzpatrick), quien cree que en algún momento del futuro, habrá cura para el mal. Por ende, mantiene vivos a los infectados, los tiene encadenados y viviendo en su casa. Pero eso no es todo, Muldoon está convencido de que si logra conseguir que los enfermos coman otra cosa que no sea carne humana, la situación podría dar un vuelco. 

El primer enfrentamiento favorece a Muldoon y su enemigo debe abandonar la isla. Expulsado y con ánimo de venganza, O’Flynn consigue dar en su exilio con un grupo de militares que está en las cercanías buscando un lugar para establecerse. Los convence de que Plum es buen lugar para vivir y que el único escollo es Muldoon, así que habrá que terminar con él en su propio terreno, desafío que no parece fácil con sólo presentarse. Hacia allí se dirigirán entonces a disputarle el territorio al viejo rival…

Lo curioso es que en «Survival…» hay zombies, pero ellos no son el centro de la historia. Para nada. Lo jugoso de la trama recae en el conflicto establecido entre las visiones enfrentadas de las dos familias. ¿Qué se hace con aquellos seres amados al ser contagiados? ¿Es humanitario balearlos en la cabeza o se puede esperar una cura? ¿Por qué no se puede respetar las decisiones individuales para a la hora de lidiar con decisiones tan fuertes? Hay en toda la narración un espíritu de correr la mirada del combate y adentrarse en cuales son las razones que impulsan esas líneas de pensamiento. Pero claro, como ya dije, esto pasa a un nivel superficial, mientras se suceden algunas escaramuzas resueltas de la manera más convencional que se recuerden. O sea, la idea está. Pasa que no tiene profundidad. Los protagonistas son hombres de acción. Todos. Excepto los personajes encarnados por Kathleen Munroe (las mellizas), la testoterona no deja aflorar mucho la dialéctica, pero se intenta. Doy fe que se intenta.

Esta debe ser la película de Romero donde los zombies son secundarios desteñidos. Lo cual, la hacen por lo menos, singular.

El relato es discreto, acorde con los productos de su clase y con alguna dosis de humor negro esperable que harán las delicias de la platea que pide sangre. No siento que sea un film de los mejores de este enorme director, si me parece que redondea una despareja trilogía que intenta aportar sangre nueva a un alicaído género (y si no, miren la saga de Resident Evil). Su ritmo irregular y lo pobre de sus efectos especiales fuerzan al responsable a diversificar la atención en busca de sostener la intesidad de la historia, pero lo consigue solo a medias.

Lo que no puede negársele, es que el hombre a sus 71 sigue filmando. Y trata de enriquecer sus trabajos mostrando destellos de su reconocido talento.

A mi me basta, pero a mis colegas no. Que se le va a hacer.

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