«The Host» (La huésped): donde aman dos, aman tres, o cuatro…

Tiempo de lectura: 3 minutos

Voy a empezar aclarando antes que todo, quien escribe esta reseña no ha leído la novela en la cual está basada esta película, mis apreciaciones sobre el libro y su autora provienen de lo que uno podría suponer habiendo visto las películas basadas en libros de su autora Stephenie Meyer, (por supuesto me refiero a la saga Crepúsculo). Aclarado esto continúo con que es imposible hablar de «La huésped» sin hacer mención a su origen, mucho de su espíritu pareciera provenir de ese costado.

La saga vampírico/adolescente , hiper taquillera, amada por sus seguidores, y bastardeada por otros tantos, el año pasado llegó a su fin. Desde ese momento se ha buscado una “digna” reemplazante (recordar la reciente «Hermosas criaturas», por citar sólo un ejemplo) y «The host» era una oportunidad imperdible, misma autora, lineamiento amoroso similar (aunque por acá mucho más enrevesado veremos), elenco juvenil ad hoc. La mesa estaba servida para la degustación de las hormonas femeninas púber/adolescentes… y para dirigirla se confirmó a Andrew Niccol,… pero en ese momento las cartas se barajaron nuevamente.

¿Cuántas veces hemos visto la historia de la invasión alienígena, que primero nos combate – también como en este caso usurpa nuestros cuerpos – para luego comprender que los humanos somos una “raza” especial porque tenemos algo llamado amor, sentimientos fuertes, alma poderosa, o como quieran llamarlo?, el giro está en darle a eso un ya no triángulo sino cuarteto amoroso digno de Alberto Migré.

Casi sin preludio, la escena inicial ya nos muestra como unos humanos poseídos por alienígenas (con ojos celestísimos) capturan a Melanie (Saorse Ronan, cada vez más parecida a Anita Pauls), “implantándole” un alien (son como unas medusas) renaciendo como Wanderer/Nómade. La jefa del operativo extraterrestre, la «Rastreadora» (Diane Kruger a la cual las publicidades de cremas anti-age no parecen estar haciéndole efecto) la obliga a que reciba los recuerdos de su cuerpo para localizar a los otros humanos, pero Melanie es fuerte y desde la mente comienza a convencer a Nómade de otra cosa.

Escapan y terminan en el desierto en el cual son rescatadas por el tío Jeb (Willian Hurt, salvando por enésima vez las papas del fuego a fuerza de talento) y sus seguidores que viven ocultos en las Rocallosas. Claro, en ese grupo están el hermanito de Melanie Jaimie, el novio de la misma Jared (Max Irons), e Ian (Jake Abel) un muchacho que se enamora… de Wanda (Wanderer pasa a ser llamada de este modo para familiarizarla). Al principio la chica es rechazada, luego se los gana a todos, hay escarceos de Melanie a través de Wanda con Jared, y de Wanda desobedeciendo a Melanie con Ian; de mientras, Rastreadora y compañía intentan capturarlos, en fin.


Decíamos que la dirección de Niccol (que también se encargó de la adaptación del guión) era fundamental, sobre todo en el primer tramo, allí el hombre impone su técnica y la estética luce clara y hasta lírica, sofisticada pero perturbadora en el mundo Álien y rupestre y acogedora con Jeb y los suyos. También una banda sonora omnipresente ayuda a darle un marco épico. Son esas cosas las que sacan a «The host» de cierta repetición (sobre todo en la segunda hora) y vueltas innecesarias en lo cual colabora una duración de por más extensa.

Los romances de Meyer y la Ciencia Ficción seca de Niccol jugaron sus apuestas, el resultado es un empate peligroso, puede ser una decisión salomónica para ambos “bandos” o no dejar conforme a ninguno de los dos, cada espectador dará su opinión.

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