«The woman in black» (La dama de negro): Busco mi destino

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La verdad es que la situación en la que se encontraba Daniel Radcliffe al terminar el rodaje de la última «Harry Potter» era casi ideal, al menos téoricamente. Por primera  vez en su carrera podía elegir qué hacer (si, ya se, siempre puso decidir que hacer sobre las tablas pero no en cine), por lo que había cierta curiosidad por ver el rumbo que tomaba el joven intérprete… Radcliffe fue buque insignia de la franquicia inglesa más importante de la última década, así que lo primero que cualquier productor le aconsejaría es ir de a poco. Es decir, con papeles donde se lo cuide y vaya ganando confianza.

Así fue como lo conectaron con la Hammer Films, legendario grupo de gente que tuvo su cuarto de hora glorioso allá por los 60′ haciendo historias de terror para que se potenciaran mutuamente: los que ponían los recursos necesitaban en esta etapa un actor taquillero y el susodicho, un papel que le permitiera iniciar su camino de despegue sin mayores sobresaltos.

La elección del título recayó en una obra clásica de Susan Hill de principios de los 80: «The woman in black». Tan clásica es que recuerdo haberla leído en el profesorado. Tengo fresca aún la versión televisiva de 1989 además…

El libro es un cuidado relato sobre fantasmas. Bien estructurado, con todos los elementos que caracterizan al género. Fue un hit en sus días aunque ahora, parece poco original para ser llevado a la pantalla grande siendo que los nipones han explotado con el J-horror esta veta de los seres inmateriales hasta el hartazgo. Está bien, la Hammer garantiza calidad y atmósfera, a diferencia de la escuela oriental que predica otro tipo de propuestas, pero, el punto de partida es cuando menos discutible: los relatos de este tipo se miran con desconfianza y no atraen demasiado al público en la actualidad.

Radcliffe es Arthur Kipps. Un «solicitor» (abogado de baja escala en el sistema inglés) enviado a un pueblo a poner en orden la venta de una propiedad. En realidad, él viene a sacar adelante los papeles de Alice Drablow, ahora que su hijo murió. El problema es que si Kipps no da con el testamento, las cosas se le van a complicar en la empresa, ya que no viene en una buena racha laboral. Es viudo y con un hijo de 4 años.

Al llegar al pueblo, comienza a ver que los niños se suicidan y decide poner manos en el asunto, afectado en carne propia por la cuestión.

El film es dirigido por un cineasta de gran proyección, James Watkins (me encantó «Eden Lake»), a quien vemos con la solvencia necesaria para darle entidad a una historia que cuesta incorporarla naturalmente en este tiempo. Utiliza todos los recursos a su disposición (los del manual de la vieja escuela y los nuevos aprendidos con la oleada japonesa) y rodea a Radcliffe de manera impecable. No pude percibir si el ex-Potter actúa bien o mal, ya que sentí que no necesitaba de él para sumergirme en la historia. La casa (Eel Marsh) produce tantos sonidos que hay que escuchar para creer y la cámara trabaja tanto para sugestionarnos, que terminan por lograrlo. El relato es lineal y sus mayores logros se dan en la construcción de la atmósfera en la que están insertos los protagonistas.

«The woman in black» es un film correcto, de los que aportan poco a la cartelera y que se lucen en los estantes de los videoclubes. Aunque claro, la novedad, esta vez, es ver a Daniel Radcliffe sin su Nimbus ni su varita de mago…

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