«The lucky one» (Cuando te encuentre): El amor después de la guerra

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Hay escritores que se puede asumir que son amados en Hollywood ya que casi todos sus libros son potenciales películas. Uno de ellos es Nicholas Parks, que además de ser el autor de Cuando te encuentre, escribió Diario de una pasión, Mensaje en una botella, y otras dos novelas más también llevadas al cine. Su fuerte son las historias de amor en el marco de alguna desgracia.

Esta vez, la tragedia sobre la cual gira la trama es la guerra de Irak. Logan (un gélido Zac Efron) es un marine que ha sobrevivido tres importantes ataques en ese conflicto sin recibir mucho más que un rasguño. Todos sus compañeros murieron, pero él parece tener un amuleto muy poderoso: la foto de una chica desconocida, que encontró en medio de los escombros tras un ataque. Con una mezcla de culpa y gratitud, cuando lo mandan de nuevo a casa decide buscarla.

Basándose en el título, uno pensaría que una gran parte de la historia pasaría por la búsqueda, pero no. Parece que Logan es mucho mejor detective de lo que nadie cree, ya que encuentra  a Beth (Taylor Schilling) en menos de veinte minutos (fílmicos). Y ahí empieza la historia entre ellos, aunque él no sabe explicarle cómo llegó hasta ella, y toma el trabajo de limpieza que le ofrecen.

Uno de los puntos flojos de la película es la abundancia de clichés y lugares comunes que atraviesan la película. Hay un perro, una chica que se hace la difícil, un sobreviviente culposo, un niño incomprendido, un bote que no anda, un malo, tipo “bully”, igual de inteligente que Biff, de Volver al futuro. Y hasta una conversación con uno de los protagonistas de espaldas al otro, como se satiriza en Top Secret.

Contra todo eso, un protagonista que sabe hacer de todo: arregla lo que sea que ande mal, toca el piano si encuentra uno, entrena perros, enamora a la chica, se hace amigo del hijo, apacigua matones, y le cae bien al padre del matón, todo por el precio de un salario mínimo. Eso sí: no emociona. El límite actoral de Efron en este film es más que evidente. Pareciera que le dijeron que el síndrome de estrés post-traumático que sufren los soldados al regresar del frente es como si imitaran una heladera. Así de versátil se lo ve.


El otro punto flojo es la falta de un “suspenso”, de algo que genere intriga por lo que va a venir en la película. Una parte es previsible: se enamoran, se sabe desde que levantó la foto de entre la arena. Pero no hay obstáculos reales. El exmarido matón es un personaje digno de comedia de secundaria, y el drama de que ella se entere de que él está ahí por esa foto está exagerado. Al fin y al cabo, cuál es el problema. Los planteos dramáticos son tan superficiales que bien puede pasar por un telefilm.

El resultado es una película que si bien no aburre (ayudan a esto las intervenciones de Blythe Danner, que interpreta a la abuela de Beth), tampoco deja demasiado.

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