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«The Wolf of Wall Street» (El Lobo de Wall Street): Tiempos de exceso

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Siempre hay expectativas creadas cuando un director célebre estrena una nueva película. El primer consejo antes de entrar al mundo de El Lobo de Wall Street es dejen esas expectativas de lado. No porque no se trate de un buen film, porque no esté a la altura, sino porque este experiencia que nos ofrece Martin Scorsese no se parece a nada que hayamos visto antes de él.

Basada en los dos tomos de la biografía de Jordan Belfort – que ya fue llevada al cine libremente en Boiler Room – , un inversionista que durante buena parte de los ’90 creo un imperio de finanzas desde la nada, claro, estafando a todos sus clientes; El Lobo… propone un carrusel de excesos durante sus tres horas de duración.

Como en toda montaña rusa, el viaje comienza manso, aunque uno sabe, por la primer secuencia, que no todo será tan calmo. Jordan (Leonardo DiCaprio, en una soberbia actuación) ingresa a Wall Street por la puerta chica, como aprendiz, y justo el día en que es nombrado corredor de bolsa es el mismo día histórico del Black Monday en el que el mundillo financiero hizo crack. Pero los sueños de Belfort demuestran ser enormes, consigue trabajo como corredor de una firma cuya base operativa es un garage y se dedica a vender acciones pequeñas. Inexpertos, al instante el hombre se convierte en ídolo del lugar, y no tardará en fundar su propia empresa Stratton Oakmont con la ayuda e incentivo de un vecino y colega casi tan codicioso como él (Jonah Hill, en rol “serio” pero repitiéndose en sus personajes).

Stratton se llenará de gente ambiciosa cuya labor será encubrir una gran estafa, sobrevender acciones pequeñas a gente incauta haciéndoles creer que ganarían millones, comprar ellos mismos porcentajes ilegales de esas empresas y hacerlas crecer en la bolsa de manera impiadosa, y así crear una gran nube de “ficción financiera”. Todo esto facilitará que Jordan y los suyos entren en un mundo de perdiciones, de lujos y lujuria, en donde la palabra control se borra del diccionario. Por supuesto, el FBI pronto posará la mirada sobre ellos.

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Lo primero que uno nota sobre «El Lobo de Wall Street» es la obviedad de estar basada en la autobiografía del personaje real. No es función de un film hacer una crítica valorativa, pero se nota una cierta mirada condescendiente y hasta cuasi heroica sobre él mismo. Belfort pareciera un ser incapaz de hacer una autocrítica, y el film lo demuestra.

Scorcese ha sido un director que siempre se atrevió a cambios de registros, incursionó en dramas de época (La edad de la Inocencia), remakes (Cabo de miedo), aventuras (en el fondo, La Invención de Hugo es una gran aventura), y biopics (El Aviador, quizás el film con el que El Lobo… lejanamente se emparenta). Esta vez se inclina definitivamente a la comedia desenfrenada, en varios, abundantes, tramos de la película pareciera emular alguna comedia típica de la llamada NCA, un film de los Hermanos Farelly, o algún producto moderno de Jerry Zucker. Esta inclinación a mostrar la vida de juerga de los personajes influye sobre una falta de atención a lo que es el caso en sí. Ni siquiera el costado policial toma demasiado vuelo.

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La Mano del director se nota en la excelente ambientación que incluye una banda sonora para el recuerdo, en el manejo actoral logrando interpretaciones destacadas (debemos nombrar una participación excepcional de Rob Reiner), y en la cuidada fotografía y desempeño de cámara que suma para la idea de un desenfreno sin fin.

DiCaprio como productor y Scorsese y los suyos detrás de cámara se conforman con una anécdota simpática, con momentos realmente graciosos, atrevida en varios sentidos; pero a la que le falta profundidad, generar real interés por lo que sucede más allá de la joda; eso, en un film de 179 minutos de duración termina convirtiéndolo en una experiencia agotadora.

 

Anexo Crítica Rolando Gallego

Una nueva colaboración entre la dupla Martin Scorsese y Leonardo DiCaprio, en este caso en la asombrosa adaptación del best seller de Jordan Belfort en el que cuenta todas sus aventuras como corredor de bolsa “El Lobo de Wall Street” (USA, 2013).

Con un gran empeño por reconstruir el obsceno consumismo de la década del ochenta (ropa, lujos, autos, yates, helicópteros,etc.) el director acompaña a Jordan (DiCaprio) desde su primer trabajo hasta erigir Stratton Oakmont, una empresa de acciones que timó a miles de consumidores de escasos recursos quitándoles el poco dinero que poseían.

Pero Jordan no está solo, junto a él hay un grupo de fieles seguidores a los que formó y entre los que se encuentra Danny (Jonah Hill), alguien con el que acepta fundar su empresa luego que éste renunciara a su trabajo al enterarse la cantidad de dinero que Jordan gana por mes.

El duelo actoral entre DiCaprio y Hill es de lo mejor de la película en la que también se destacan las actuaciones de Rob Reiner (como el nervioso padre de Jordan), Matthew McConaughey (como el mentor de Jordan), Jean Dujardin (como un banquero Suizo) y Margot Robbie (la segunda mujer de Jordan, la que le perdona cualquier cosa).

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Por momentos “El Lobo…” parece una mezcla de “Wall Street”(de Oliver Stone) con “Dinastía” y “División Miami”, pero al centrarse Scorcese en los excesos (drogas, alcohol, prostitutas), las comparaciones se caen y todo lo que nos queda es un sueño y una mentira, como las que Belfort vende por teléfono.

Desde el startup de una empresa, hasta la caída de la misma, acompañamos a Jordan y empatizamos siempre con él, más allá de saber que lo que hace es ilegal, y que está mal, y que todo lo que hace cruza la ley. Pero lo perdonamos. No nos importa. Jordan nos habla a cámara, nos explica lo que no entendemos y nos hace avanzar o retroceder en los hechos más relevantes.

Hay escenas de una increíble audacia, como la comunicación telepática entre el banquero suizo (Dujardin) y DiCaprio, o cuando Jordan nos avisa que Danny está colocado al máximo con una droga, pero se ajustan al verosímil que a lo largo de las tres horas que dura el filme Scorsese propone y construye.

Jordan es un coach nato, que sabe cómo vender cualquier cosa, y Scorsese y DiCaprio también. La dupla funciona a la perfección y el director ha logrado conseguir lo mejor de este actor en las últimas películas en las que ha participado.

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“El Lobo…” tiene muchos puntos en común con “Casino”, por lo épico de la construcción de la saga de una persona que desde lo más bajo construye un imperio, pero también en lo interesante de un biopic sobre otro de los pilares de la estafa norteamericana.

El repaso histórico dota también de una gran entidad a la película. Como así también las digresiones fílmicas y oníricas que Scorcese regala de tanto en tanto.

La experimentación con las drogas y las mujeres, como así también los intentos por esconder los deslices que a diario se cometían en la empresa: “No somos ortodoxos, sólo un poco escandalosos” dice Jordan en un momento, hacen que cuando el FBI, con Greg Coleman (interpretado por Kyle Chandler) lo empiece a acosar, parece que estemos viendo “Atrapame si puedes”, otra película interpretada por DiCaprio.

Algunas reflexiones sobre el matrimonio, la lealtad, el esfuerzo y el trabajo en equipo, se cuelan como subtexto en una película que intenta demostrar que nadie puede llegar a ser tan malo más allá de lo que haga, pero también que nada queda impune cuando uno comete delitos. Gran propuesta.

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