Que la cosa funcione («Whatever works»): Larry David juega a ser Allen por un rato

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Hace unos doce años, cuando era cinéfilo ocasional y no tenía la tarea de ver tanto cine casi diariamente, recuerdo esperar los estrenos de Woody Allen como si fueran días de fiesta. Era así, si bien yo no soy de la generación setentosa que lo siguió y consagró con «Bananas», «Annie Hall», «Manhattan» y «Love & death» (aclaro que las vi todas, pero en video); si soy de los noventosos que amamos «Husbands and wives», «Mighty Aphrodite» y «Deconstructing Harry». Mis recuerdos con su trabajo siempre están rodeados de amigos, debates y tertulias donde nos reíamos mucho de cómo este director presentaba muchas de nuestras inquietudes y contradicciones en la vida desde un costado humorístico e ingenioso. Sus relatos parecían girar sobre lo mismo (el hombre intelectual conflictuado -muchas veces, judío- que vive quejándose del mundo que le toca vivir y las personas que lo rodean), situaciones que tenían, de extraña manera, conexión con la vida real (todos somos un poco neuróticos no?) y sobre todo, mucho psicoanalisis. Sabemos que Allen disfruta mucho estar inmerso en desarmar y bucear en los conflictos interpersonales de sus sujetos y mirarlos con fina ironía y cruda perspectiva. Es un cine particular, donde si no aceptás los estereotipos que el director te presenta, no vas a pasar un buen momento. Por el contrario, si sintonizás a este neurótico obsesivo y querés reirte a su lado de sus miedos y visiones… Siempre Allen va a tener algo que ofrecerte. Es un tipo realmente talentoso para lo que hace, aunque su audiencia siempre fue reducida. En los lejanos setenta tuvo títulos taquilleros pero luego, sus propuestas en los 80 pasaron a integrar la lista de «prestigio» de los cines, pequeña en distribución y mucho más aún en presupuesto. Pero claro, Woody tiene tanto carisma que todos quieren filmar con él, y todos (y cuando digo todos, digo todos eh!) los actores de porte de este tiempo, han sido dirigidos por él.

El problema es que, excepto «Match point», sus últimos trabajos se repiten demasiado, ofrecen relatos fríos y extremadamente cerebrales y no son films que a uno lo dejan satisfecho. Mucho más a quienes conocemos el potencial de semejante director. Lo cierto es que en un momento a Woody Allen se le fueron cerrando las puertas para filmar en su país y Europa lo sedujo con dinero fresco para producir en otras tierras. Así es que hubo una serie de películas de este neoyorkino en el Viejo Continente, desparejas (aunque «Vicky Cristina Barcelona» fue muy premiada – en mi opinión, sobrevalorada) y la que lo encuentra de vuelta por un rato en su terruño es «Whatever works». Cinta que data del 2009 (extrañamente estrenada aquí después de «You will meet a tall dark stranger», que es del año pasado) y que nos llega justo cuando Allen presenta nuevo trabajo en Cannes (y la crítica allí lo está aclamando en este mismo momento)…

«Que la cosa funcione» es su regreso a New York. Regreso sin gloria, diría yo. Para este reencuentro con su ciudad, él se consigue al sujeto más parecido a él en el universo actoral americano: Larry David. Para quienes no lo conocen, es el creador de «Seinfield» (serie de televisión que se ve por Sony en Argentina, serie de culto de la que han corrido ríos de tinta y jamás pudo ser imitada) y protagonista de «Curb your enthusiam» (que va por HBO y ya está en su octava temporada): un tipo que hace un humor sutil, desconcertante y que se rie bastante de sus propias acciones. Tiene un estilo único. En lo personal, va en gustos, a mi me pasa ver «Curb…» y descostillarme de risa y a mi esposa no se le mueve un rulo. Bueno, creo que la escena es gráfica para ver que es un personaje que tiene distinta llegada al público. El es el elegido para encarnar al alter ego de Allen: comparten mucho y la gente lo sabe. Así que el guión es una excusa para que Woody nos cuente un poco más de su vida, en forma de tragicomedia urbana neoyorkina.

A veces, le sale bien. Esta vez, no.

La trama nos presenta a un hombre de inteligencia extraordinaria, Boris (David). El estuvo a punto de recibir el Premio Nobel de Física y cree que todos los que lo rodean son tontos, simples y que no entienden su talento. O sea, se lleva mal con todo el mundo. Cierto día conocerá a una mujer muy joven que llega a su vida por accidente, Melody (Evan Rachel Wood), que es como el resto del mundo… Pero es joven y bella. Y eso afectará radicalmente su visión de las cosas, al menos por un tiempo. «Whatever works» es un film sobre la experiencia y la dolorosa tarea de aprender de los errores. Larry David hace un rol idéntico al de su «Curb…» y fuerza la situación a la cuestión primaria: si te gusta este tipo de cine, (neurótico-intelectual diría yo), te va a gustar. De lo contrario, el efecto es negativo. Es cierto que hay algunos buenos gags, sobre todo porque Boris se presta para que le pase lo peor, siempre, pero nada está tomado muy en serio (los amigos de Boris ni siquiera son llamados por su nombre en el film) y hasta parece que por momentos, la película fue una excusa para que viejos amigos se reencuentren y rueden algo y no mucho más.  

Más allá de eso, es Woody Allen. Tiene sus cositas y a los fans incondicionales les va a gustar. En ese sentido, yo estoy un poco desencantado con su actualidad. Esta es la película más floja que ví de él en varios años y estoy empezando a perder el entusiasmo ante cada estreno suyo…Veremos que sucederá cuando conozcamos «Midnight in Paris» (de vuelta en Europa, con Owen Wilson y Rachel McAdams), por el momento, lo dejo «Stand by» y le saqué «me gusta» a su perfil público en Facebook. Tiene que volver a ganárselo. Ir advertidos que no es de lo mejor de este cineasta y que es probable que salgan con un sabor amargo de la sala… Habrá que volver a apostar en que su talento reecontrará el camino en poco tiempo…

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