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«Velvet Goldmine»: el glamour de los 70′

Tiempo de lectura: 3 minutos

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Purpurina. Plataformas. Cabellos de colores. Sexualidad a flor de piel. Rock, glam rock. Década del 70. Si hay una película que define por excelencia a la maravillosa y mágica década de los 70s, probablemente sea “Velvet Goldmine”, de Todd Haynes, director que siempre hay que tener en cuenta. “Velvet Goldmine” es una película inclasificable.

Tiene una estructura a lo “Citizen Kane”, que permite ir descubriendo a un personaje, a Brian Slade, estrella musical cuya carrera cayó en picada tras un falso homicidio en el escenario, a través de los ojos de otro, el periodista, que diez años después de aquel hecho debe averiguar qué fue de la vida de él, pero a la vez no puede evitar luchar contra sus propios recuerdos de una etapa conflictiva pero decisiva de su vida.

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La película es un homenaje al glam rock y sobre todo a David Bowie, aunque éste se haya molestado severamente tras haberla visto. Y es que hay muchísimo de Bowie en Brian Slade. Su cabello, su creación, su éxito, su impronta, su poder de cautivar, de seducción. La música es de otro mundo. La banda sonora de esta película probablemente sea la banda sonora que más veces he escuchado en mi vida.

Con versiones originales, otras nuevas y canciones compuestas especialmente para el film, en el tracklist pasan Roxy Music, T-Rex, Brian Eno, Placebo,, Lou Reed, y artistas como Paul Kimble, Thom Yorke y Andy MacKay conforman “The Venus in Furs”, una banda soñada que sólo existió para interpretar algunos temas de esta película.

Christian Bale está correctísimo interpretando al periodista hoy adulto que hacía unos años fue un adolescente que comenzaba a descubrirse a sí mismo, pero al hacerlo no era aceptado por sus padres.

Por eso toda esta investigación lo mueve mucho, porque en Brian Slade está gran parte de quien es hoy. Jonathan Rhys Meyers nunca brilló más que como Brian Slade, este artista que no dejó de reinventarse, provocativo y sensual.

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Ewan McGregor está increíblemente desaforado como Curt Wild, una especie de Iggy Pop (si Brian Slade estaba inspirado en Bowie, claramente Curt está inspirado en Iggy) que enloquece con el sonido de la guitarra eléctrica.

Y está ella, Mandy, interpretada por la gran Toni Collette, la mujer que se entregó a los encantos de Brian Slade una noche al compás de “Ladytron”. Y está Oscar Wilde. No está físicamente pero está presente. En muchas líneas de la película pero sobre todo en un amuleto, en una esmeralda que es todo un símbolo, que va pasando de mano en mano a lo largo del film.

Un abanico colorido de personajes secundarios complementa una historia mágica y única. Que empieza justamente como los cuentos de hadas. “Por una vez hubo una tierra desconocida, llena de flores extrañas y perfumes sutiles, una tierra en la que soñar es alegría de todas las alegrías, una tierra donde todas las cosas son perfectas y venenosas”. Cita proveniente también del escritor victoriano. Joyas como esta película aparecen sólo cada tanto. “Velvet Goldmine” es para atesorar. porque parecería provenir de otros planetas.

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