«Veredas»: caminante no hay camino…

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Anunciada de un día para el otro, y con un reciente paso por el BAFICI, esta producción de Fernando Cricenti, que cuenta con un elenco de grandes figuras, y un equipo técnico interesante, demuestra el estado que está atravesando la distribución y exhibición de cine nacional.

Las películas se aglutinan el día del estreno, peleando cada una por un espacio y una sala en la cual presentar su propuesta, pero al no contar con una difusión importante, y mucho menos, permitir que el boca a boca ayude, se caen de esos mismos cines que con esfuerzo consiguieron para salir.

En este caso, además, es curioso que la película no pueda aprovechar intérpretes y situaciones para potenciar aún más su propuesta, por eso, “Veredas” (Argentina, 2017), de Fernando Cricenti, probablemente pase sin pena ni gloria por las salas, y termine por engrosar estadísticas de estrenos en algún anuario o nota de cierre de año.

“Veredas”, posee varios méritos, intentar jugar con la comedia romántica y de enredos, utilizar la ciudad como un tercer protagonista, pero también varias falencias, principalmente conceptuales, que resienten su dinámica.

El director, quien también escribe el guion junto con el protagonista, Ezequiel Tronconi, y Robertita Superstar, se centra en el derrotero amoroso y pedestre (esta es una película de caminantes y de ocultamientos) de dos personajes en el constante deambular en la ciudad para olvidar a sus parejas anteriores. Él (Tronconi) y ella (Paula Reca) se conocen por casualidad en medio de sus desventuras amorosas.

Mientras a él lo dejó su novia, ella está tratando a toda costa de dejar para siempre a su pareja, aunque cada vez que lo intenta pierde su idea original. Ambos comenzarán un camino en conjunto, del cual sabemos el final, o intuimos su resolución amorosa final, para lograr sus objetivos, y en el camino se toparán con una serie de personajes secundarios, que aparecerán, o bien para entorpecer aún más sus metas, o bien para brindar algo de luz a sus pensamientos.

En el arranque la historia se plantea con más fuerza de la que luego termina por desarrollar todo el relato, con un bien definido “hombre invisible” (Tronconi) deambulando en fiestas y lugares sin ser percibido por absolutamente nadie.

Hay una escena gloriosa del personaje en una fiesta, con un vaso de alguna bebida alcohólica a la espera de que alguien haga contacto con él, pero no. Un grupo de mujeres se acerca y se toman frente a él una selfie. Obviamente él queda en el registro de la cámara, a lo que las mujeres se dan vuelta y lo miran enojadas por el infortunio.

Ese gag funciona, pero una vez más, está ubicado en el arranque, en donde “Veredas” atrapa la atención para luego dejar a la buena suerte la empatía o no con los personajes, los que, en el caso de Reca, con su frescura y naturalidad, logra transmitir la ebullición de esta mujer decidida a dejar a su pareja y todos los obstáculos que encuentra para hacerlo.

En el caso de Tronconi su interpretación es más limitada, muchas veces se suele pensar que componer es agregar elementos de utilería al actor, pero claramente esto no es así. Cricenti camina con los protagonistas, los envuelve con la cámara mientras la atmósfera romántica y el comic relief comienzan a superar la trama narrativa, generando una línea argumental disruptiva, en la que sin transiciones se introduce y se aleja de situaciones particulares evitando cerrarlas.

Algo pasa también con los secundarios, desaprovechados, presentados y luego olvidados a la espera que los protagonistas puedan superar aquellos planteos o al menos, para el espectador, se los vuelva a mostrar. Película con buenas intenciones pero con una resolución fallida.

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