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«Vino para robar»: amor y estafa en tierra mendocina

Tiempo de lectura: 4 minutos

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Ariel Winograd sorprendió a todos hace unos años con el más que modesto éxito de su tercera película, “Mi primera boda”. Es cierto que el film contaba con dos caras conocidas y convocantes, como las de Daniel Hendler y Natalia Oreiro, pero también es verdad que logró hacer una comedia divertida al mejor estilo americano. Ahora, con “Vino para robar”, el realizador redobla la apuesta.

Con Mendoza como escenario principal y logrando un papel protagonista, y los rostros de, otra vez, Daniel Hendler, y Valeria Bertuccelli, el film es un gran homenaje al cine clásico de Hollywood.

Una película sobre ladrones y un inminente boquete a un banco para robar un vino añejo que vale más de lo que uno puede pensar, cargada de nostalgia, nostalgia que se percibe en la música (con un par de excepciones que la hacen un poco uniforme), en escenas musicalizadas románticamente con la melodía de un piano, en el vestuario, especialmente de la protagonista femenina, cuyo guardarropa parece salido del de Audrey Hepburn, y hasta en el auto que ella conduce, un Citröen.

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“Vino para robar” es una película divertida, ambiciosa pero cero pretenciosa, que pone en evidencia que en nuestro país se puede hacer cine de género y al mejor estilo hollywoodense. Las referencias a éste están servidas sobre la mesa, no sólo desde citas a planos, o vestuarios, y caracterizaciones, sino incluso mencionadas, como las de James Bond, “Bonnie and Clyde”, “North by Northwest” de Hitchcock y hasta la francesa “Rififi”.

Si de algo peca la forma en que se está promocionando el film, es del hecho de que desde el trailer parece que ya vimos todo lo que esta película tiene para ofrecer, que está todo servido en bandeja en sólo unos minutos. Y si bien parte de esto es cierto, cabe resaltar que “Vino para robar” no es sólo una película sobre un robo a un banco, sino sobre personajes que no terminan de confiar el uno en el otro, o que, mejor dicho, no quieren hacerlo pero no les queda otra que terminar confiando.

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Juan Leyrado está impecable como el villano de turno, Pablo Rago está correcto en un personaje que al principio parece no aportar demasiado pero luego seremos testigos de que sí, de que es imprescindible en la historia, y el pequeño gran Martín Piroyanski, como el compañero del protagonista, que aporta un gran conocimiento tecnológico y mucho humor. Daniel Hendler está tan bien como siempre, en general sus personajes se le parecen y no falla.

Valeria Bertuccelli sorprende quizás porque su personaje ya se encuentra alejado de la malhumorada y sarcástica Tana Ferro que a veces parece que la vemos en casi todas sus películas, y no sólo está más linda que nunca, sino que su personaje logra por momentos ser adorable aún sin quererlo.

A grandes rasgos, “Vino para robar” es una película entretenida, colmada de nostalgia, y con un guión que transita por los rincones de un género poco visto en nuestro país, y sale de él airoso.

Anexo de crítica por Rolando Gallego

Pocos directores argentinos “industriales han logrado darle perfil definido en poco tiempo a su obra. Podríamos hablar de Lucía Puenzo y más en el borde Lucrecia Martel, pero Ariel Winograd con sólo tres films en su haber, es uno de los realizadores más frescos del panorama cinematográfico actual. 

En “Cara de queso, mi primer ghetto” (Argentina, 2006), el despertar sexual de un grupo de adolescentes judíos criados en un country le servía para sorprender al público. Con “Mi primera Boda” (Argentina, 2011) intentó emular, con estilo local, las rom com con situaciones de bodas norteamericanas. En su nuevo filme, “Vino para Robar” (Argentina, 2013), Winograd incursiona en el género de estafadores y coquetea con el suspenso, sin dejar de girar sobre el clásico formato comedia , algo que maneja muy bien

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En “Vino…” hay un ladrón de guante blanco, Sebastián, interpretado por Daniel Hendler (con un registro diferente al que nos tenía acostumbrados y con un look alejadísimo del Andy de “Graduados”) que se verá enredado por la bella Natalia (Valeria Bertuccelli), una colega del rubro. 

Natalia engaña a Sebastián, Sebastián engaña a Natalia, y en el medio aparece un siniestro multimillonario llamado Segundo (Juan Leyrado en plan Lex Luthor), quien tiene muchas sopresas para la pareja protagónica. 

Una máscara de oro azteca, un vino añejo (Chatteau Bardón 1895) con un extraño sortilegio (el que lo beba con su ser amado vivirá con él feliz para siempre), no importa cuál es el botín, porque en el fondo “Vino para Robar” cuenta la historia de dos seres solitarios buscando afecto, pero cuando dan con él, no saben como resolverlo.

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La película pasa de escenarios cerrados (museos, departamentos) a la amplitud de paisajes naturales (rodados en Mendoza y en Florencia, Italia) otorgándole características de producción destacada para los parámetros locales. Winograd utiliza todos los recursos disponibles (trazos gráficos, ralentíes, planos aéreos, helicópteros) para que la tensión no baje y el relato conserve frescural.

Tenemos en los prestigiosos secundarios a Martín Piroyansky, interpretando a Chucho, nerd experto en computadoras y políglota (le queda bien el acento alemán!), a Pablo Rago como Mario Santos, un investigador privado que le pisa los talones a Sebastián, y al simpático Alan Sabbagh, quien no para de crecer en cualquier rol que juegue en este tiempo. También se destaca una pequeña participación de Iair Said como una guardia de seguridad obsesionado con el Sudoku. 

Más que interesante propuesta para renovar cartelera, en el regreso del público adulto a salas. No se la pierdan.

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