«Sangre Vurdalak»: Terror familiar

Lo dijo una y otra vez, que había peligros pero que la casa era segura. Dijo que debíamos quedarnos en la casa.”
El reloj de sol – Shirley Jackson

El mundo de los vampiros en el cine y la literatura es un tema vastamente explorado a lo largo de la historia y sin embargo muy poco en cuanto concierne a lo autóctono. Sangre Vurdalak, que llega a carteleras después de un largo paso por festivales a través del globo, tiene como base un cuento del escritor ruso Alekséi Tolstói que narra una leyenda de los pueblos eslavos y lo hace a través de la voz de un personaje que expone el poder de las historias narradas a través de la tradición oral: “(…) sus hábitos son idénticos a los de todos los vampiros; pero tienen otro que los hace más temibles. Los vurdalaks chupan la sangre preferentemente a sus familiares más allegados y a sus amigos más íntimos, los cuales, al morir, se convierten en vampiros a su vez (…)”. El director y guionista Santiago Fernández Calvete (La segunda muerte, Testigo íntimo) se apodera de esa historia y la traslada al contexto rural local y transforma en otra cosa, con el germen vampírico y hereditario pero con un subtexto más atemporal y un tono más intimista.

Aguirre (Germán Palacios, alejado del personaje que una asocia con Boris Karloff en la película de Mario Bava) es el patriarca que lleva adelante a su familia. Una familia que vive en el campo, alejada de la sociedad, como en otra época incluso, y teniendo el menor trato posible con la gente de afuera. Una familia tan cerrada que dos de sus hermanos son también pareja y tienen una hija. También está Natalia, la hija adolescente que, en medio de esa tumultuosa y conflictiva edad, empieza a desear ver más allá de los límites que le imponen, de las fronteras que les marcan. La idea de que afuera hay un mundo por explorar al mismo tiempo que es ella la que se encuentra también en un proceso de autodescubrimiento. El peligro cobra forma real tras la amenaza del exterior que puede estar ligado a ellos de un modo mucho más profundo: a través de la sangre. Un oscuro secreto familiar emerge.

El Aguirre protector es también un hombre parco, algo tosco y muy autoritario. Natalia (Alfonsina Carrocio) es quien, de la mano del muchacho del que se enamora, está dispuesta a defenderlo hasta que de a poco empieza a cuestionarse su realidad. Al abrir los ojos sobre el posible mundo de afuera se le comienza a revelar lo que yace en su casa, en su hogar, en su familia. Pero todo esto narrado con el interesante componente sobrenatural: la posibilidad de que la persona que conocemos no sea en realidad más que un monstruo.

En la historia hay un momento preciso que podría definirlo todo. La llegada de día o de noche indicaría si Aguirre, quien sale a cazar un vampiro, llega convertido o no en monstruo, pero como el mundo está lleno de grises intermedios él llega en un momento imposible de definir entre uno y otra, ese momento impreciso y de transición que es la hora mágica. La tensión de la película, que en algún momento se siente algo alargada, no pasa demasiado por la sorpresa de si es o no, eso se puede inferir desde el vamos, sino por el modo en que se intenta sobrevivir a puertas cerradas. ¿Qué pasa cuando la casa que era un refugio, un lugar seguro, pronto se convierte en un lugar hostil y peligroso?

La película se sucede en un corto lapso de tiempo, en varios momentos de espera y otros en los que es necesario actuar porque quedarse quieto no parece opción viable. La fotografía aprovecha bien los espacios, tantos los abiertos como el cerrado que es la casa. Hay una buena construcción de climas que no apela más que en unos pocos y precisos momentos a la sorpresa.

En general las actuaciones están muy bien y se destacan tanto Carrocio como Palacios. Los personajes secundarios se encuentran un poco más deslucidos que el trío protagónico, incluso a veces actúan, toman decisiones de manera rápida y poco creíble. Aparecen algunas arbitrariedades que al menos le aportan movimiento.

Una sólida película de género que introduce el vampirismo de una manera atractiva que, aunque tenga su historia de amor (y un par de lindos y tiernos momentos entre sus jóvenes protagonistas), no va por el lado romántico y seductor con el que se lo suele asociar en la actualidad, quizás porque el relato de fuente, que adapta de manera muy libre, es primigenio. Para tener la palabra sangre en el título hay poco color rojo, así como se opta por el suspenso antes que por el terror gráfico. A la larga, un drama familiar sobre los terrores que pueden suceder dentro del propio hogar, los monstruos que con los que a veces se convive y camuflan su poder sobre una de algo parecido al amor.

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