«Seules les Bêtes» (Solo las bestias): el amor es una trampa

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El realizador Dominik Moll (Noticias del Planeta Marte) dirige un drama coral con dosis de suspenso que empieza con la impactante premisa de la desaparición de una mujer en medio de un escenario frío y desolado.

«Nuestra terrible necesidad del otro, el terror de estar solos. Lo que nombramos Amor.»
Joyce Carol Oates

Tras una breve secuencia inicial que funciona como una especie de prólogo situada en Costa de Marfil, la película nos sitúa en un lugar montañoso y nevado de Francia. La historia se divide en diferentes capítulos con nombres de los variados personajes. Así, se arma como una especie de rompecabezas en el que las piezas van encastrando y teniendo sentido a medida que los capítulos se suceden y las distintas tramas argumentales se van desarrollando y cruzando entre sí.

Además de la mujer que desaparece en medio de una tormenta de nieve (Valeria Bruni Tedeschi), la película despliega las historias de una mujer que se siente sola y se enamora de un hombre parco y solitario que apenas le brinda sexo y un poco de atención, este otro hombre que es quien encuentra el cuerpo frío y rígido de la mujer y se conecta con él de un modo extraño, el marido que se endeuda de una manera que se devela más avanzado el relato, una joven que tras una noche de pasión con una señora se enamora hasta los huesos y la busca persiguiendo falsas esperanzas…

Sólo las bestias está construida a través de diferentes líneas argumentales que van y vienen en el tiempo y los espacios para explicar sus fugaces conexiones entre sí. En ese sentido, el guion devela de manera inteligente las vueltas de tuerca y hasta el último momento depara alguna pequeña sorpresa.

En la extensa galería de personajes, algunos terminan quedando más desarrollados que otros. Toma un buen rato entender por dónde quiere ir la película, que empieza de manera áspera y fría hasta que llega a mostrar el corazón, aquel hecho que desencadena todos los demás. Con ritmo de thriller y un buen manejo de la intriga, la trama se va abriendo y desplegando las historias que se caracterizan por ser oscuras y pasionales, con personajes que se mueven de manera impulsiva por el deseo o la búsqueda de algo parecido al amor.

Entre el amplio elenco, destaca Denis Ménochet en la piel del granjero y marido parco que guarda un secreto que le brinda algo similar a una alegría hasta que descubre que las cosas no son como imaginaba y todo empieza a írsele de las manos.

Hay una idea de azar sobrevolando la película. Algo que podría acercarla a Justicieros pero que en lugar de optar por el humor negro y lo absurdo resulta todo el tiempo frío y oscuro (apenas hay un poco de calidez cuando se presenta algo que parece ser una historia de amor hasta que se revela como una desilusión más), como si el mundo fuese siempre ese lugar horrible y hermoso que Joyce Carol Oates describe en sus novelas y relatos: historias que parecen de terror y no son más que fieles reflejos de una realidad. Como en sus libros, los personajes de Solo las bestias parecen a la larga no buscar más que un poco de amor. Y es también una historia de supervivencia, de apelar a los instintos animales para no terminar de hundirse.

En esta red de personajes entramados que accionan sin imaginar las consecuencias, hay también un interesante contraste entre el frío del sur francés y el calor agobiante de África occidental, dos rincones del mundo que pueden estar a un click de distancia entre sí. Y sin embargo, la desolación, las decepciones, pueden ser las mismas.

Con una lograda puesta en escena y un notable uso del montaje, estamos ante un drama sobrio, parco por momentos, intrigante durante gran parte de su metraje, y siempre atractivo. Aun cuando sus personajes despliegan su lado más oscuro y resulta difícil empatizar con ellos.

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