«She said» (Ella dijo): Alzar la voz

La actriz, directora y guionista alemana Maria Schrader (Poco Ortodoxa) se pone tras las cámaras del drama periodístico que retrata todo el trabajo que hubo detrás de la nota de The New York Times que expuso por primera vez a Harvey Weinstein. Escrita por Rebecca Lenkiewicz (Ida, Colette, Disobedience), se basa en el libro de las dos periodistas acá interpretadas por Carey Mulligan y Zoe Kazan.

Con Harvey Weinsten condenado y muchas voces alzadas con el movimiento #MeToo, Ella dijo se remonta al origen. Megan Twohey (Carey Mulligan) es una periodista que denuncia sin mucho éxito una serie de acosos sexuales por parte de Donald Trump. Allí surge la primera pregunta: ¿de qué sirve alzar la voz si los hombres poderosos permanecen impunes?

Tras tener su primer hijo y sufrir de depresión post-parto, se suma a Jodi Kantor (Zoe Kazan) a investigar al poderoso productor de cine. El periodismo como ese trabajo largo y minucioso, que siempre busca la verdad verificada (algo muy valioso en una época donde medios importantísimos suben noticias falsas sin una fuente confiable) y que pretende en serio cambiar la historia.

Porque la serie de abusos por parte de Weinstein no solo dejó en evidencia situaciones de acoso en lo laboral, sino también todo el operativo detrás que lo avalaba y lo protegía. Las mujeres víctimas del hombre poderoso que siempre salía impune no tenían otra opción que el silencio y así él seguía aprovechándose.

Megan y Jodi se embarcan en este proyecto encabezado por Rebecca Corbett (Patricia Clarkson) y se encuentran cada vez más comprometidas. A medida que se suceden los testimonios, muchas veces de mujeres que no quieren o no pueden exponerse, ellas entienden que lo que están haciendo es necesario y urgente.

La película tiene varios puntos a favor. Por un lado que desarrolla el oficio del periodismo de una manera siempre entretenida y ágil. Por el otro, que expone cada paso de la investigación con los nombres propios que la acompañan: Gwyneth Paltrow que aparece sólo como una voz en el teléfono, Rose McGowan, o la propia Ashley Judd interpretándose a sí misma, un detalle muy potente. Pero además se corre de las figuras de las estrellas y nos presenta historias de mujeres que trabajaron como asistentas (aquí en algunos momentos recuerda mucho a la recomendable película del 2019, The Assistant, de Kitty Green). Samantha Morton y Jennifer Ehle son dos de las actrices que le ponen rostro a mujeres que nadie conocía y que sufrieron de sus abusos y cada una continuó con su vida como pudo. La escena de Morton es tan apasionante como indignante por lo que narra.

Quizás para quienes hayan seguido el caso la película no aporte demasiada data nueva, una ya conoce el final pero eso no le resta épica. Además, aparte de la información que se nos presenta continuamente, la construcción de personajes sólidos ayuda a generar emoción. Es una película sobre la investigación entonces las personas detrás de ella aparecen apenas pinceladas y sin embargo con eso es suficiente para que resulten dimensionales. Como la relación entre las dos periodistas que además de compañeras de trabajo se ven como madres y a veces una palabra de apoyo ayuda a comprender que nunca se está sola. Sin necesidad de ahondar mucho más que pequeñas viñetas de sus vidas cotidianas, Mulligan y Kazan interpretan con mucha solidez a estas dos mujeres que intentan balancear sus carreras y sus vidas personales. La relación entre ambas, sus condiciones de mujeres tanto en la vida doméstica como en lo laboral, está construida de manera bastante sutil.

Una película tradicional de periodismo, ágil, con momentos de tensión y con suficiente información sin enredarse en ella. A lo mejor a la historia le falta un poco de la distancia que le permitiría no ser tan reciente, darle un poco más de tiempo a los efectos del caso en la historia.

Es una época de cambios, que se van transitando a su tiempo. De todos modos es necesario detenerse a pensar, como dicen en algún momento, si esto le pasa mujeres en Hollywood, qué puede pasarles en lugares más precarios, cuántos más Harvey Weinsteins hay en el mundo.

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