«Sola»: Había una vez en un mundo torcido

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Dirigida por José Cicala y escrita en conjunto con Gustavo Lencina y Griselda Sánchez, con una idea de esta última que además compone uno de los personajes más fuertes, Sola es una película atípica dentro del panorama nacional. Una distopía atemporal en un mundo similar al nuestro, como sugiere su póster. Un mundo hundido en una guerra interminable y sin sentido y habitado por oscuros personajes que intentan sobrevivir a cualquier costo.

Araceli González en su regreso al cine es Laura, una mujer que después de ser notificada de la muerte de su marido, interpretado por Miguel Ángel Solá, descubre que está embarazada. Pero no criará a su hijo solo porque la presencia del hombre la acompaña todo el tiempo. Lo mira, habla con él, lo escucha. «No es tiempo para débiles», le escucha decir.

Así como en “La habitación del presidente” de Ricardo Romero nos encontrábamos también en un mundo bastante similar al nuestro y allí el presidente tenía el derecho a ocupar una habitación de cualquier casa cuando lo necesitara, por lo que todas eran construidas con ese cuarto extra siempre preparado por si acaso, en Sola el gobierno decide apoderarse de casas no habitadas. Como Laura tiene una casa al lado de aquella en la que vive heredada por su padre, decide utilizarla para una misteriosa pareja que tendrá fines terribles. Ahí entra el personaje de Fabián Mazzei, que ya se lo presenta como un hombre que sabe seguir un plan y que, aunque algunos fantasmas lo persigan, nunca pierde el rumbo. Es esta pareja la que empieza a transformar la cotidianeidad de Laura que en cambio se presenta como una mujer demasiado buena y generosa que se contrapone con un mundo que se percibe duro y frío. A su alrededor se mueve una galería de personajes que la historia no desarrolla demasiado. Aparecen muchos rostros conocidos como el de Mariano Martínez, Alfredo Casero, Rodrigo Noya, Monica Antonópulos, Luis Machín y hasta una presencia sorpresa en una especie de epílogo que no logra aportar mucho más.

Aunque la apuesta es arriesgada e interesante y se nos muestra un mundo torcido y oscuro donde todo puede pasar, el tono de la película se mantiene siempre en mismo nivel, frío, calculado, que le resta interés a medida que se sucede el relato. Incluso la vuelta de tuerca del final no hace más que acentuar antes que sorprender realmente.

A nivel técnico hay una construcción de planos muy cuidada. Hay algunas imágenes impactantes y una estética muy lograda. Pero la mezcla de géneros que permanece siempre en un mismo tono la hace una película sin ritmo y las intrigas no consiguen generar suficiente fuerza.

En cuanto a lo interpretativo, Araceli González se destaca con sutileza en su personaje pero otros como Miguel Ángel Solá o Luis Machín parecen más bien desaprovechados. Griselda Sánchez, en el papel de una enfermera que no pierde nunca las esperanzas es otra que logra lucirse junto a Micaela Suárez, interpretando a la joven esposa también embarazada.

Este primer largometraje de Cicala lo presenta con cartas fuertes sobre la mesa pero no consigue aprovecharlas y se pierde con un relato atractivo en superficie pero monótono y chato en contenido que quiere abarcar más de lo que es capaz y que se termina sintiendo impostado, artificial.

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