«Sublime»: Me crecen alas

La ópera prima de Mariano Biasin es una amable coming of age que tiene en el centro a un adolescente (Manu) a quien se le empieza a trastabillar todo cuando se da cuenta de que está enamorado de su mejor amigo (Felipe). Como si la adolescencia de por sí no fuese ya lo suficientemente tumultuosa para cualquier persona, Manu se encuentra queriendo poder decir lo que le pasa pero con el temor propio de todo enamorado que no sabe si será recíproco.

La parte más interesante de la película radica en el modo en que se retrata este despertar sexual. Ni su protagonista ni las personas con las que de a poco se puede ir abriendo sobre lo que le pasa mencionan o hacen alusión a la orientación sexual. Acá no pasa por etiquetas, sino por las personas. Hay un acercamiento actual y amoroso sobre el modo de relacionarnos.

Manu es un adolescente como cualquier otro. Tiene una banda, tiene una novia con la cual están ambos por perder la virginidad, tiene una familia de la que a veces prefiere encerrarse, dos padres que no parecen dormir juntos ya, y ese amigo con el cual pasan todo el tiempo que pueden. A Manu le pasan un montón de cosas en su interior aunque por fuera sólo demuestre algunas sonrisas o cierto fastidio, según el momento. Le cuesta corporizar lo que le pasa y esto va creciendo.

El lugar donde viven es un personaje más. Un pueblo costero inidentificable pero que se percibe demasiado tranquilo, sin muchos habitantes más que los que se ven la cara día a día. La fotografía apuesta a lo luminoso porque ése es el tono de esta historia. Y así como aprovecha exteriores también hace un buen uso de los planos cercanos con sus protagonistas.

La música juega un papel importantísimo también. Entre las canciones que escriben y que interpretan y reinterpretan durante los ensayos. En esas letras se vislumbra mucho de lo que pasa y no se puede decir, funciona como un modo indirecto de expresión. Y además las canciones resultan se quedan con una al salir de la sala, son lo suficientemente pegadizas (se pueden escuchar el álbum en Spotify).

La amistad es una forma de amor y a Manu con Felipe se le nublan esos sentimientos. Entre sueños donde se ve muy cerca de él, una realidad donde a veces cree estarlo y pronto se encuentra en el mismo lugar de antes, la película lo sigue a medida que se siente crecer todo eso que uno guarda y reprime hasta que no se pueda más, porque en algún momento las cosas hay que decirlas y sacarlas para que no nos envenenen. Quizás en ese tercer acto, una vez que se verbaliza, el conflicto se siente algo estancado.

Sublime, escrita por su propio director, está narrada con mucha calidez y frescura, con un elenco de actores nóveles que aportan mucha fluidez y naturalidad junto a un par de participaciones de Marcelo Subiotto como profesor de literatura y Javier Drolas como el padre que se termina convirtiendo en su primer confiente. Una galería de personajes que se retratan con mucha honestidad y por eso se sienten tan reales, casi como si estuviésemos viendo un documental por momentos. Personajes que están dispuestos siempre a escucharse y comprenderse.

Una película sobre el crecimiento y sobre el primer amor, que siempre deja marcas. Acá con un acercamiento amoroso y amable que pone en foco a las nuevas masculinidades, alejadas de estereotipos y prejuicios machistas. Porque el y la adolescente es un ser sensible; todo lo demás son máscaras.

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