«The Menu» (El menú): Una extraña invitación

Un grupo de extraños entre sí se reúne para viajar hasta una isla pequeña donde un reconocido y excéntrico chef ofrece una cena de 12 pasos que cuesta 1200 dólares por persona. Todo pretende ser más que una cena, una experiencia. El tema es que excede lo gastronómico cuando las cosas comiencen a torcerse hasta explotar.

La película sigue a varios personajes pero en principal a una joven que cae ahí casi de casualidad. Invitada por su amigo a último momento, por lo que en la lista entra con el nombre de alguien más, desde el vamos se siente fuera de lugar. Gente adinerada, algunos empresarios, algún actor caído a menos, y en el medio, ella: Anya Taylor-Joy.

Toda la película se sucede en esta noche. Las contadas mesas del lugar van llegando pasar los platos, uno más excéntrico que el anterior. Lo que podría parecer una burla o crítica a la gastronomía de más alto nivel, con sabores que surgen de maneras extrañas y en porciones cada vez más ínfimas, como si tuviesen un cartel que indicara «sólo apto para los más pulidos paladares», acá se encuentra con el plus de las presentaciones que su chef, interpretado por Ralph Fiennes, hace de cada uno de esos platos: historias personales que traslada, a su manera, a la elaboración y presentación de cada plato.

Aunque la historia empiece de manera curiosa y siembre desde el principio cierta intriga y misterio, a medida que se va sucediendo se va también perdiendo la magia. De menos más, pero de una manera gradual y a veces repetitiva, cada uno de estos platos es un poco más excéntrico que el anterior y va provocando en sus invitados diferentes reacciones: el que quiere pan pero se le niega a servirlo, la que no come porque no siente mucha hambre, el que saca fotos a los platos a escondidas porque se fascina con estas ideas, el actor siempre pendiente de quién lo conoce o no, la crítica gastronómica y sus elocuentes comentarios que a veces no dicen nada.

Hay una ligera sensación de que cada personaje esconde algo. De que no es azarosa la idea de que todos confluyan en ese lugar, a la larga no cualquiera puede acceder a eso. Pero en ese ir y venir entre los platos y las actuaciones cada vez más extrañas de su chef y anfitrión, al humor le falta ser menos seco y más negro para lograr generar un mejor efecto. Incluso cuando algo impresionante sucede, da la sensación de que la explosión debería haberse cocinado mejor, de que un mayor impacto generaría otras sensaciones.

A la larga, esta película que dirige Mark Mylod (más conocido como director de exitosas series de televisión) y escriben Seth Reiss y Will Tracy, se siente como un episodio estirado, quizás por lo que mencionaba de que en lugar de sentir que la tensión se acrecienta, ésta se asienta y varias situaciones se empiezan a sentir repetitivas. Sí hay una cuidadísima dirección de arte que le sienta a la perfección a la temática, como si estuviésemos viendo un episodio perverso de Masterchef o algún programa culinario donde se nos presentan platos estrafalarios de la alta cocina. Todo es de una prolijidad que incluso le aporta una necesaria frialdad a la historia que se nos sugiere desde el comienzo como un misterio.

También ayuda mucho la presencia de rostros conocidos. Ralph Fiennes es un personaje misterioso por eso bastante contenido aún en los momentos en que una esperaría algo más de reacción. Es Anya Taylor-Joy quien le termina aportando algo de corazón con su mirada de grandes ojos, que no habla demasiado pero observa, escucha, presta atención. Y es ella también un misterio, la única que no se sabe bien por qué está en ese lugar. El resto, una galería de personajes apenas desarrollados, más bien delineados con trazo grueso.

Con alguna pizca de sal y pimienta por ahí, en general El menú resulta menos delicioso de lo que prometía. Dejando de lado las metáforas gastronómicas bastante obvias, vale decir que a la película le falta quizás mayor sorpresa. En el mismo momento en que se empieza a dilucidar por dónde viene –y es más temprano de lo que se esperaría-, la película no tiene mucho más para contar. Entonces recae en escenas que no difieren mucho una de otras y eso hace que el ritmo se pierda. Hay alguna perlita con un macabro personaje secundario, pero no mucho más que valga la pena. Es como un chiste que se estira demasiado hasta casi perder la gracia, aunque algo permanece y nunca aburre. Menos ingeniosa y morbosa de lo que se cree, quizás sí lo suficientemente sofisticada, pero de un entretenimiento ligero.

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