«Thor: Love and Thunder» (Thor: Amor y Trueno): se trata de amor

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La última entrega de Thor es la cuarta que centraliza al personaje nórdico y la película número 29, me dice Imdb, de esta seguidilla de fases de Marvel que siempre parece estar por agotarse pero evidentemente todavía tiene un enorme público fiel que celebra siempre el mismo tipo de películas que ya no aportan mucha novedad. Si bien no estamos ante uno de los Vengadores más populares es el que más películas protagonizó de manera central y acá Taika Waititi aprovecha con éxito el costado cómico de Chris Hemsworth que ya aparecía en la entrega anterior (pero descubierto por Paul Feig de todos modos). En esta segunda entrega que dirige y esta vez escribe, Waititi decide apostar al humor, a ese humor que lo caracteriza: simplón, burlón, aniñado, que a veces funciona (como en What we do in the shadows, quizás la mejor película que logre hacer en toda su carrera); y a la emoción, a través de situaciones predecibles, cursis y un poco de golpe bajo aunque siempre seguido de algún chiste.

La historia encuentra a Thor junto a los Guardianes de la Galaxia, como sin rumbo desde lo personal. Cuando una amenaza a diferentes dioses del universo se presenta, se separan y él regresa a la Tierra y al nuevo Asgard ahora comandado por Valkiria, se encuentra con su ex novia, la doctora Jane Foster. Como si un encuentro con un ex no fuese lo suficientemente desestabilizador, Jane ahora tiene en su poder el martillo Mjolnir reconstruido y éste le brinda la oportunidad de ser una Thor femenina. En medio de esa rom-com, una noche los niños son secuestrados por el villano Gorr, a quien se lo presenta en una especie de prólogo que nos cuenta cómo y por qué se convirtió en este masacrador de dioses, y esto los lleva a embarcarse en busca de ellos para rescatarlos. Quizás de estas películas sea la que mayor entidad se le da a los niños.

Desde lo estético, se intenta plasmar varias ideas. Por un lado, en lo narrativo, el personaje de Korg (al que le pone voz una vez más el propio Taika) y la representación de escenas en teatro como se acostumbraba en Grecia, sirven para resumir y poner al día a quienes se pierden entre tanta línea y personaje a lo largo de la casi treintena de películas. Son dos maneras originales y entretenidas de narrar qué pasó en la entrega anterior o qué pasó entre Thor y Jane.

Con respecto a las imágenes, en general se presenta una película muy colorida y llena de efectos especiales creados en pantalla verde, como siempre, y se intenta contrastar esto con la oscuridad del villano que incluso los arrastra a un mundo de grises. Pero ambos lucen superficiales y se desaprovecha la oportunidad de jugar mejor con el terror que el villano insinúa; se siente plano desde lo estético.

Los hitazos de los Guns and Roses le aportan una veta rockera que le sienta bien en especial a Thor, con un Hemsworth cada vez más confiado y capaz de llevar adelante otra película con mucho más que un cuerpo musculoso.

Uno de los grandes problemas que viene teniendo Marvel es que, salvo por Thanos y antes Loki, la mayoría de los villanos se convierten en personajes bastante olvidables aun estando interpretados por actores de renombre. Y en este afán por reclutar a todo Hollywood que parece tener Marvel, Christian Bale interpreta a un villano al menos creíble, con una motivación poco original pero fuerte como para querer destruir a todos los dioses.

Russell Crowe y su Zeus en cambio quedan caricaturizados y, aunque esa sea la idea, lo cierto es que tanto el actor como el mítico personaje quedan reducidos a eso y es una pena. Las presencias femeninas de Natalie Portman y Tessa Thompson aportan lo suficiente y sobre todo ésta última tiene carisma y dan ganas de verla más. Pero la línea narrativa que gira alrededor de Portman, su ascenso como heroína, podría haber sido icónica y sin embargo la acompaña una historia cursi como todo lo que la película quiere contar: a la larga siempre es sobre el amor, y nada más aburrido que una película que toma un tema tan grande y universal y lo simplifica, aún con todo el humor del universo.

Thor: Amor y Trueno es tan Marvel que duele, el Marvel en el que se ha convertido, siempre un poco más de lo mismo con una pequeña vuelta (como en la última de Dr. Strange hacia el terror, por ejemplo): historias poco originales pero grandes despliegues visuales, un humor que le resta seriedad a cualquier situación (aquí la puesta a la comedia es total y hay mucho de parodia fallida) y el escenario por el que parece ir pasando todo actor o actriz de renombre. Atrás quedó la época en que Marvel «descubría» a una estrella (¿quién sería Chris Hemsworth sin Thor? ¿Chris Evans sin el Capitán América?) o le brindaba una oportunidad de regreso como la que fue con Robert Downey Jr. De todos modos hay que decir que en la primera de las dos infaltables escenas post créditos se presenta a un personaje conocido por cualquier cultura popular y con el rostro de un actor que quizás estaba necesitando dar el gran salto para cobrar una mayor popularidad. Por supuesto no voy a spoilear pero su presencia es lo único que me convence de antemano de querer ver una próxima entrega. También resulta lindo el guiño final que resignifica el título de la película.

Para quienes se encuentren hastiados o se sienten próximos a eso, esta nueva entrega no aportará más que una razón. Pero si aún disfrutan las películas al mejor estilo Marvel, coloridas y con mucho humor, sin muchas más pretensiones que ver a actores favoritos interpretando a personajes de los cómics, al menos esta película tiene un estilo un poco más propio (todo lo que Marvel permite; a la larga siempre parecen dirigidas por un algoritmo), ese estilo aún en construcción que está gestando Waititi con su carrera, con menor o mayor éxito.

Es una buena opción también para los más jóvenes en estas vacaciones de invierno, porque aunque irregular es entretenida; ya lo dijo Scorsese y me disculpo por citarlo acá: estas películas se han tornado como parques de atracciones. Y en este camino de deconstrucción que tienen las grandes ligas, su elenco la definió como una película muy gay solo por algunas referencias y menciones light, quizás sí un poco más riesgosas contrastándolas con las de otra época.

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