“War dogs” (Amigos de armas): Los lobos de Miami

Cada tanto aparecen en el horizonte cinematográfico, historias reales llevadas a la pantalla grande, con la idea de ofrecer material de denuncia y conocimiento público. Los americanos tienen cierto entrenamiento en esa dirección y nos llega esta semana la interesante “War dogs”, de Todd Philips, cinta que se ocupa de mostrarnos el poder de la corrupción en el primer mundo y cómo las oportunidades de negocio se encuentran en todos lados, aunque no las veamos a simple vista.

Amigos de armas” podría definirse como una versión menor (en cierta manera) menos estridente, de “The Wolf of Wall Street” (digamos que Philips ha visto varias veces la peli de Scorsese, sin dudas) instalada en el mundo de las armas y los negocios con el estado.

Presenta una historia de un buen chico, David (Miles Teller) de la colectividad, que trabaja de masajista por 75 dólares la hora en las zonas ricas de Miami.

La vida no le sonríe económicamente y encima, su novia queda embarazada en un momento complicado.

Pero la vida le pone delante a Efraim (Jonah Hill), un ex compañero y amigo de la secundaria al que las cosas le van bien.

El tipo en cuestión se ocupa de ofertar en licitaciones abiertas del Estado, armas y municiones. Hay mucho dinero en juego y él sabe que lo suyo es atacar los contratos chicos. Quiere crecer pero necesita un socio. Y cuando percibe que David necesita una oportunidad, comienzan a desarrollar una Pyme para participar de estas operaciones.

El ejército americano gasta miles de millones de dólares en pos de proteger la seguridad de su nación y de reforzar las milicias locales en todos los lugares donde hay focos de intervención. Es por eso que en las licitaciones aparecen pedidos de armas y cartuchos viejos, que son díficiles de conseguir e incitan a adentrarse en el mercado negro para cumplir con el pedido. Todo por un módico precio. O no.

En esa vuelta, los flamantes socios se intentan abrir paso en el duro mercado y dan con un sujeto que parece tener todo lo que necesitan (un gran secundario de Bradley Cooper) para dar el gran salto y obtener un contrato que los haga pasar al frente de verdad.

La peli tiene sólidos aspectos técnicos, un ritmo correcto aunque se queda corta en cuanto a delirio y humor negro. Eso sucede principalmente porque el personaje de Teller es demasiado honesto y bueno, lo cual detiene un poco el clima trepidante que amaga armarse a cada momento.

Hill sabe a que juega y lo hace con su habitual prestancia (nunca le compraría un auto usado) y el chico estrella de “Whiplash” cumple sin notas destacadas. Lo potente de la historia está en los números y en ese aspecto, “Amigos de armas” ofrece un claro panorama de cómo las cosas no funcionan bien, ni siquiera en el gran país del norte.

Una película que suma y que de a ratos, divierte. Logra conectarte con el gran concepto central de entender la corrupción como un fenómeno global. Cumple.

Anexo de Crítica por Rolando Gallego

Basada en una historia real, o al menos así lo indica una leyenda antes y después de la narración, “Amigos de Armas” (War Dogs, USA 2016), de Todd Phillips, es una espasmódica película en la que se cuenta el ascenso y caída de dos amigos inexpertos en el mundo del tráfico internacional de armas.

Si en “Lord of the War” (2005), Andrew Niccol tocaba el mismo tema, pero de una manera dramática, aquí Phillips, gracias a su potente y solvente paso por la comedia guarra, bizarra y física, logra revertir el dramatismo para transformarlo en la posibilidad de generar una empatía con los protagonistas desde el humor, sin dejar de lado la reflexión.

Cuando David (Miles Teller), harto de la rutina, se topa en un funeral con su amigo de la secundaria Efraim (Jonah Hill), nada lo haría suponer que esa casualidad le cambiaría el destino para siempre.

Efraim, con la misma edad, y sin ningún compromiso (David está casado y a punto de ser padre) ha construido un pequeño imperio mediante el tráfico de armas, o, mejor dicho, con la posibilidad de venderle al Gobierno armas e insumos a través de propuestas “legales” en internet.

El asunto es así, el gobierno de Estados Unidos, en pleno conflicto bélico, publica en internet las necesidades de armamentos que tiene y el mejor postor obtiene la licencia para venderles aquello que requieren.

De a poco, negociando, no siempre de la mejor manera, terminan por conseguir los más suculentos tratos, a pesar que la inexperiencia les jugaba en contra, y en particular David, que deberá mentirle a su mujer (Ana de Armas) constantemente, hasta que, cual revelación, ella se entere de la verdadera profesión de su marido y los viajes que hace, en los que obtiene el dinero mal habido con el que mantiene todo.

El guión entonces, hábilmente, se detiene en esos dos puntos, uno, la tensión que se genera en cada negocio próximo a resolverse y por otro lado la vida personal de ambos, llena de excesos, que puede jugarles en contra en cualquier momento.

El dinamismo de la edición, y el stop y slow motion, también enfatizan momentos claves del filme, el que, con una narración símil videoclip va logrando plasmar la complejidad del relato y lo jugado y rico de cada uno de los personajes.

En un momento particular de la producción cinematográfica Hollywoodense, es bienvenido el aire fresco que impregna “Amigos de Armas”, una cinta que sin pretensiones logra contar un hecho de corrupción política y económica dentro del seno del Gobierno y las Fuerzas Armadas de Estados Unidos que, si bien generó un escándalo en su momento, siguen tan sucios como siempre.

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